Esa noche, en el estadio Defensores del Chaco, ‘el Tino‘ Asprilla estaba caliente porque no me podía hacer un gol. Tuvo tres o cuatro oportunidades mano a mano, clarísimas y nada que hacer, se las gané todas. Paraguay estaba ganando 1 a 0 y casi nos asegurábamos el pasaje al Mundial de Francia. Faltaban solo siete minutos y a Asprilla se le presentó una nueva oportunidad, pero salí a taparlo y me quedé con la pelota. Su reacción instintiva fue darse vuelta y pisarle la rodilla a Celso Ayala. Ahí mismo lo fui a encarar para pedirle explicaciones.

Asprilla me dio un cachetazo en la boca. Me volví loco y lo escupí. Lo peor fue que el árbitro brasileño Wilson Souza, en lugar de expulsarlo a él, nos echó a los dos y para colmo cobró penal a favor de Colombia. 

Me acuerdo que las 40.000 personas en el estadio comenzaron a insultar a Asprilla. Cuando salíamos del campo le di un golpe y le dije claramente: "Si te agarro afuera, te mato". Cuando me pasé por el banco de suplentes de Colombia, Aristizábal me quiso agredir con una patada voladora. Por suerte, los reflejos me funcionaron a la perfección y pude esquivarla, porque si me agarra de lleno me desfigura la cara. Todos los suplentes colombianos me querían pegar. La Policía tuvo que intervenir para separarnos. 

Fue un escándalo motivado por Asprilla únicamente. El partido estuvo parado como diez minutos. Cuando se reanudó, ‘Chicho‘ Serna convirtió el empate, pero afortunadamente Derlis Soto nos dio la victoria merecida por lo que hicimos durante el partido y sobre todo por la injusticia que nos hizo vivir Asprilla. Mi amigo Valderrama siempre dice que nunca me vio tan descontrolado como ese día. Después, en los vestuarios y sobre todo con la victoria final, me calmé y la cosa no pasó a mayores. Al día siguiente, para toda la prensa de Suramérica, el malo de la película había sido, como siempre, José Luis Chilavert.

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