Hijo: Lucho, has llegado a los máximos niveles como futbolista profesional. Eres un ganador, tu experiencia a nivel de selección de mayores ha sido producto de tus capacidades como jugador y como persona. Que hayas pasado por Envigado apenas a los quince años, después por el Independiente Medellín, luego por Santa Fe y Millonarios y más tarde que hayas sido campeón con el América y que hayas hecho parte de la Selección, me garantiza que no me equivoqué cuando te pasé por primera vez un balón. Hoy, con una carrera futbolística todavía en actividad -aunque estás terminando un proceso de recuperación a raíz de una lesión de rodilla- y una formación académica alterna, me ratifican que estás interesado en luchar por la profesionalización del fútbol en Colombia en todo el sentido de la palabra, cosa que me llena de orgullo.

Sin embargo, no es tarde para recordarte que estás en la mitad del camino y que debes sortear muchos obstáculos más.

En este entorno solo se vive por las emociones y las emociones las traen las victorias. Así que debes saberlas vivir y recibir cuando llegan, debes pensar con cabeza fría sin que eso te niegue el disfrute de ganar. Todo lo que trae el triunfo, las fotografías, las entrevistas en televisión y radiales, la admiración de los hinchas, todo, todo eso es pasajero y así lo tienes que comprender. Es una ley de este deporte. Es aquí donde hay que tener más fuerzas, incluso que frente a la derrota misma. Con esta solo camina el que en su momento la sufre, ahí no hay gente para la cual posar, con la cual hablar o saludar. Pero estás tú con tu conciencia. En la victoria puedes enredarte con los halagos, las falsas promesas. No les hagas caso. Debes tener en cuenta que lo más importante en este medio es tu propia sabiduría. Intuir qué es lo que quiere el otro de ti, de ahí deben partir tus respuestas, esa es la clave para identificar las debilidades y fortalezas de tus rivales.

Ellos también quieren ganar y muchas veces aplican métodos poco limpios, pero eso obedece a su propia formación, tú tienes la tuya y eso te basta. Tu vestuario nunca puede estar dividido, procura ser conciliador entre tus compañeros, la mejor manera para garantizar el éxito es lograr la armonía con los que te rodean.

Ten una cosa muy presente: la dirigencia casi siempre está bien intencionada pero muchas veces mal preparada. Ten paciencia.

En resumen, mi querido hijo, la vida siempre será lo más parecido a un partido de fútbol, se juega bien siempre y cuando uno se prepare bien. Se gana siempre y cuando uno trabaje y se mentalice para ello; se pierde cuando hay circunstancias ante las que uno no puede hacer nada. Lo bueno es que, como en el fútbol, en la vida siempre habrá revancha.

No sabes lo grato e inolvidable que resultó el último título que obtuve dirigiendo al Tolima. Revisando tantos logros que he alcanzado, este hace la diferencia con respecto a los demás por una razón única: sentí que tú, todos ustedes, mi familia, estaban más cerca que nunca.

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