Eso de que el tamaño no importa es un mito inventado para los débiles. ¿Acaso Dennis Rodman se casó con Carmen Elektra por pura clase? Por supuesto, no. Lo hizo porque era ‘manga’ y sus músculos inspiraban respeto. Y así como él lo hizo ha habido muchos más: Van Dam, Schwarzeneger o Stallone son sólo algunos ejemplos de cómo a las mujeres también termina entrándoles todo por los ojos.
Poco importa que usted sea tan poético como Cyrano de Bergerac, que posea el cerebro de Bill Gates o que cante mejor que Andrea Bocelli; en el momento en que un tipo ‘viga’ cruce frente a los ojos de su novia, ella entenderá que usted, definitivamente, no es perfecto. Por eso, para ahuyentar cualquier posibilidad de hacer el ridículo en materia de músculos, comience por ejercitar sus brazos con unas buenas pesas y mancuernas en su casa —o en las barras del parque más cercano— para, al menos, poder agarrarla a ella con fuerza cada vez que trate de huir con ese tipo que se cree mucho más ‘viga’que usted.

Bíceps
Ante todo, tenga en cuenta que los resultados no los verá inmediatamente. Pero no se afane. Constancia. Una de las mejores formas para fortalecer, y darle tamaño, a los bíceps es con una serie de repeticiones con pesas (usted decide los kilos) flexionando los brazos hacia el pecho. Larry Scott —uno de los más grandes fisiculturistas de los últimos años— recomienda continuar el ejercicio con un par de mancuernas que permitan hacer seis repeticiones duras. Acto seguido, y sin descansar, tome cada vez unas mancuernas más ligeras, y repita la serie aumentando el número de veces de cada flexión.

Tríceps
Con un par de buenas y baratas mancuernas, los difíciles y esquivos tríceps pueden florecer fácilmente de su cuerpo. Tómelas y ubíquelas a lado y lado de la cintura. Respire profundo y levante los brazos hasta quedar en la posición de cruz. Este ejercicio puede hacerlo en series de cinco y tonificar con barras. Recuerde que el momento en el que más grasa se quema, y más trabajan los músculos, es en los últimos movimientos de cada serie. Hágalos despacio.

Antebrazo
Por lo general, quienes practican con frecuencia el tenis tienen más antebrazos que cualquier persona común y corriente. Sin embargo, si a usted le da pereza andar detrás de una pelota, lo ideal son —de nuevo— las mancuernas. Tómelas en la palma de sus manos y déjelas rodar, despacio, hasta que lleguen a las yemas de los dedos. Vuelva a la posición inicial y repita el ejercicio con las series que sus músculos resistan. Si los resultados no son los esperados, el tenis lo está esperando.

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