Sin embargo, no se hagan ilusiones, primero se extinguen las cucarachas después de la bomba nuclear que los políticos. ¿La razón? Nómbreme a alguien que quiera hacer el trabajo sucio de una sociedad. Que quiera sentarse horas y horas a escuchar a otros, casi siempre más brutos, decir largos y complicados discursos; que se pase seis meses cada tres o cuatro años comiendo lechona con aguardiente siete veces al día, durmiendo cuatro horas diarias y repartiendo plata por montones en una sede para luego ser tumbado por el presidente de la junta de acción comunal.

Y que apenas gana, lo único que recibe en las encuestas son totazos e insultos donde lo culpan de todos los problemas de los países latinoamericanos. Además, no existe otro espacio laboral donde diez mil votos signifiquen lo mismo que cien mil. A ver si Microsoft es lo mismo que las tiendas de clones de computadores de El Lago.

Pero, siempre hay más candidatos. Si dejamos el alto desempleo a un lado, cabe preguntarse por la motivación que lleva a un ser humano coherente a decidir ser político. La plata: ni tanto, porque los salarios son malos, comparados con el sector privado, y para robar bien se necesita estar en la rosca. Ahora con la meritocracia y este Presidente, ni puestos parece que tendrán los políticos para repartir. El poder: cada vez hay menos carros blindados y escoltas y cuando llega un carro de esos a un restaurante de la 93, para el tráfico, se gana mil madrazos, y al concejal o senador no lo bajan de mafioso igualado y arribista. El reconocimiento y la fama: eso sí que menos, qué más mala fama que la de un político. Por más serio, estudioso, preparado y honesto que sea el personaje, siempre habrá alguien que exclame: "algún negociado deberá tener? Nadie llega a ese puesto sin trampas". El puesto en la historia: la mayoría de la gente no sabe ni siquiera quién les construyó el puente o les evitó las inundaciones. Quiz: mencione los funcionarios que crearon: a. El Seguro Social; b. La Universidad Nacional; c. La carretera a la Costa. ¡Qué puesto más desagradecido!

En conclusión, al igual que los resistentes coleópteros, los políticos son una especie dura de acabar pero que siempre nos acompañarán. En especial por su ingenio, como dijo Nikita Kruschev: "Todos los políticos son iguales. Prometen un puente donde no hay siquiera río". Vaya usted y convenza a su vecino de que allí hay un río. O, si lo último le pareció fácil, que se levante un domingo de la cama, haga fila y vote por usted.

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