A mí me pasó. Conocí a una "hermosa" mujer de la que, con el tiempo, me fui enamorando. Dentro de esa serie de detalles que uno va notando pero que no quiere ver, empecé a descubrir que había partes de su cuerpo con las que ella no convivía de buena gana. Llegué a pensar que eran detalles insignificantes, que se solucionarían solos, que el tiempo le ayudaría a aceptarlos.
El tiempo no la ayudó y mis consejos, tampoco. Decidió lo inevitable: operarse. La operación no significaba decirle a un médico: "Doctor, quiero hacerme algunos cambios y los necesito para el martes". Esto es un proceso, nada sencillo, compuesto de muchos pasos y análisis.
El primero es cotizar. Hay que buscar el médico que se le mida a hacer el milagrito por un precio de ocasión con garantía de por vida.
Una vez encontrado el artesano consumado que se le mida al asunto, la mujer pasa por una serie de modificaciones a sus ideas iniciales que han sido de alguna manera influidas por la genialidad del cirujano, porque, según ella, "este médico es un genio, se dio cuenta de que lo que yo necesito no es operación de caderas, sino aumentar el tamaño de mis senos para verme proporcionada". Claro, el tipo era de esos que las embarradas las arreglan con otra embarrada.
Después de haber superado todo el tema de la decisión, haber fijado lugar, fecha y hora, aparecen otros obstáculos ¿porque nos gustan los obstáculos?. Entre ellos, esperar a que la cirugía se realice y esperar a que el médico se desocupe de la paciente anterior que en medio de la anestesia le pide que le haga correcciones de último minuto que lo demoran dentro del quirófano por otras horas más.
Una vez superada la cirugía empieza la convalecencia y eso sí que es mortal. Son varias semanas de "pan y agua" para uno, porque se le puede dañar algún detalle de la operación o simplemente tienen depresión postoperatoria. Pero nadie, y eso es claro, nadie se les puede acercar ni opinar al respecto. Uno empieza a curiosear, de la curiosidad pasa a las preguntas y de ahí a que le metan una vaciada por imprudente (los cirujanos, dentro del servicio, deberían incluir una cartilla para las parejas de sus pacientes, con el ánimo de aprender qué decir, cómo decirlo y en qué momento decirlo). Y cuando las cicatrices han sanado, cuando usted le ha aguantado todos sus caprichos, ha sacrificado algunos gastos y dejado de salir a la luz pública para evitar que se corra el rumor, llega la hora de mostrar el trabajo del artista.
Su tranquilidad ha terminado, ahora su pareja es una obra de arte y como tal tiene que ser exhibida y tratada. Si ella pregunta "¿Te gusta como quedé?", usted deberá contestar "Claro que sí, estás mucho más linda que antes". Cualquier otra respuesta le generará a usted un serio problema.
A estas alturas, usted está confundido y ella tiene el ego por los cielos gracias a sus tiernas mentiras. Mientras duda de cuál debe ser el siguiente paso, su 'hermosa' pareja está tomando la decisión de dejarlo porque ahora ella necesita espacio, conocer más mundo, ella está muy joven para estar comprometida. Léase que era muy inmadura, necesitaba que la conociera más el mundo y no podía estrenar sus nuevos juguetes estando comprometida.

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