"¡Hola, Nina!". Así me saluda mi hermanita 'Pimpi'. Cachetona, rozagante, con los ojos chiquiticos cada vez que se ríe a carcajadas. "Es la más bonita de todas", siempre decía mi papá. "Ella también será reina —decía—, el orgullo de la casa".

Sylvana, la más consentida, la que más atención recibió, la que más "apechucho" pide, la más temperamental de todos. Como era la "chiquita", muñequeábamos con ella. Sylvana, con dos dientes como granos de arroz en sus encías rosadas, solo sonreía y posaba para nosotras, haciéndonos reír a carcajadas y dándonos a entender que no importaba lo ridícula que la tratáramos de disfrazar, pues siempre se iba a ver divina, porque esa sonrisa y esos cachetes superaban cualquier vestimenta.

Es una girl scout, literalmente, porque a diferencia mía que fui brownie (sí, de las que venden galletas de puerta en puerta vestidas con jardinera café, banda amarilla y muchos escuditos), ella sabe defenderse en las noches sabaneras como todo un castor. Prende fogatas, usa cantimplora y la vegetación de La Vega y el Neusa no la intimidan. ¡Sylvana: siempre lista!

El día que decidió lanzarse al estrellato no me sorprendió. "Nina, me quiero meter de reina". "¿Segura? —le dije—, mira que esto no es tan glamuroso como todo el mundo piensa". Y aquí va con paso firme y constante. Tiene mi respeto, apoyo y admiración, no solo por ser mi hermana sino por ser una Gómez Correa consagrada. Me mira con respeto, pero al mismo tiempo con esa ternura que siempre la ha caracterizado. Veo a una mujer, la imagen de los cachetes rojos y los sombreros han sido reemplazados por un cuerpo y una actitud nuevos. Sylvana Gómez: presentadora, ex reina y promesa de la televisión colombiana para mí siempre será 'Pimpi'.

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