Tiene 22 años, no tiene novio y no es para nada inferior a su abolengo: hija del exitoso empresario Felipe Santos y de la bella Gina Benedetti, Valeria Santos Benedetti sabe que vale por sí misma y no por ser heredera de la dinastía de los Santos, que le ha dado a este país algunos de sus periodistas y políticos más importantes.

Parece la mujer perfecta: es tan bonita que podría vivir de su belleza y tan inteligente que no lo hace. Al revés: después de graduarse del colegio Nueva Granada, entró a la Universidad de los Andes. Allá estudia Derecho y ya va en octavo semestre.

Se animó a convertirse en la primera modelo no modelo de portada porque, en sus palabras, "solo se vive una vez, de todo se aprende y me interesaba tener la oportunidad de trabajar con el fotógrafo Raúl Higuera en una producción impecable".

Valeria, además de todo, la tiene clara. Si uno le pregunta si en el futuro se ve ejerciendo el periodismo, como sus tíos Rafael y Enrique, directores del diario El Tiempo, o su primo Alejandro, director de Semana, o si en cambio cree que se dedicará a la política, como sus tíos Juan Manuel, ministro de Defensa, o Francisco, vicepresidente de la República, ella no pierde su propio rumbo: por lo pronto quiere concentrarse en su carrera y en los próximos años trabajar en el sector público para ver cómo funciona en la práctica el nuevo sistema acusatorio.

Le gusta rumbear más en casas o fincas que en bares; oye todo tipo de música, pero le encanta el rock; su libro favorito es Rayuela, de Cortázar, y no ha pensado nunca en ser modelo. Su zona más sensible es el cuello, y valora por encima de todo la sencillez en una persona.

Lee El Tiempo todos los días, no tiene un columnista favorito y se devora todos los editoriales. Y si fuera directora de este periódico trataría de mantener la imparcialidad teniendo en cuenta el reto que significa la participación en el gobierno de algunos de sus socios.

Si uno le pregunta por quién votaría entre Pacho y Juan Manuel responde que cree en el voto confidencial. Está de acuerdo con el aborto, no va a misa, pero lleva una sólida vida espiritual y quiere que en cuarenta años, cuando les muestre estas fotos a sus nietos, pueda mirar hacia atrás con el orgullo de haber hecho de su vida algo inolvidable.

¿Algo más para acabar de enamorarse de ella? Quizás estas fotos de Raúl Higuera en las que la belleza de Valeria está a la altura de su inteligencia. Son tan inolvidables como ella. Tome impulso y disfrútelas.

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