Quienes andan metidos en el cuento de la comida saben que atraer a las personas a un restaurante —cuando éste apenas ha abierto sus puertas— no es un asunto complicado. Las tarjetas de invitación, los rumores que van y vienen de boca en boca y, finalmente, algo de publicidad y estrategia a la hora de hacer ‘ruido’, logran el cometido de llevar a la gente a las mesas. Lo difícil es retenerlas. Darles ‘algo’ que no encontrarán en otro lugar. Convencerlas mediante la comida, la atención y el ambiente de que ese será el restaurante obligado para pasarla bien.
Para sentirse bien de ahí en adelante.

Azul Café es un buen ejemplo de retención. De convencimiento al paladar. Con menos de un mes de haber abierto sus puertas —en una de las esquinas del Parque de la 93—, Azul hipnotiza. Convence. Atrapa como el imán. Y las razones son muchas.

Escudados en la idea de montar un restaurante que ofreciera comida con tendencia árabe, sus propietarios lograron poner en escena el mejor de los ambientes para disfrutar del día y de la noche, pues usted podrá pasarse a cualquier hora para desayunar, almorzar, comer o, simplemente, tomarse unos buenos tragos. La decoración, relajada gracias a los colores de las luces y a los velos crema que recuerdan las tiendas beduinas, encaja a la perfección en el recinto, que es amplio y siempre fresco.

Pero la comida es el factor principal por el cual Azul hipnotiza. Los platos que aparecen en la carta —todos recomendables— se caracterizan por su preparación, justa en ingredientes, y por su tamaño, siempre adecuado para calmar el hambre que a veces nos asalta. Para comenzar, nada mejor que Quibbes con tahine o las enviciadoras Sfijas, que son una especie de pequeños pasabocas que abren el apetito (¡no se resista a las de carne con crema!). Como plato fuerte recomendamos cualquiera de las variedades de Arus (especie de wraps árabes), aunque vale la pena arriesgarse con el Pollo Azul Café, o el Tres quesos o, incluso, el Kafta.

Pero si lo que desea es algo más ligero, las ensaladas Azul y Fatuch puede servirle como complemento para una deliciosa Sopa de yogur con sombreritos, o la inigualable Pasha con trozos de carne incluidos y almendras.

Entre todo, desde luego, no siempre el almuerzo o la cena priman en Azul. Los desayunos también consiguen atrapar, y puede ser un buen plan para los habitantes de una ciudad que no están acostumbrados a salir de casa para darle la bienvenida a la primera comida del día. Arriésguese. Valen la pena los Omelettes con queso gruyère o salmón. O, si lo prefiere, las Crêpes orientales rellenas con nueces.
En fin, si algo le hacía falta a la adormecida gastronomía del Parque de la 93 era un color más. Y esto es lo que ha conseguido con éxito Azul Café.

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