Listo: ya encontró a la mujer de su vida. La segunda tarea es impresionarla. Llévela a D'smadre y ofrézcale un Mountain Berry Tea, hecho de frutos rojos canadienses, para ir calentando el ambiente. Mientras tanto, deje que la conversación fluya con un sugestivo jazz de Diana Krall de fondo y admire el paisaje. Encontrará un sitio moderno con detalles tradicionales. Se sentirá muy cómodo.

Y es que este es un lugar que a pesar de su versatilidad, tiene un carácter definido: su comida fusiona lo mejor de México, Tailandia, China e India, dejando al descubierto una variedad de platos, todos efectivos a la hora de abrirle el apetito a la mujer de su vida. Ahora pida de entrada unas quesadillas con fríjoles refritos y camarones salteados en mantequilla, jengibre y tequila. Si ella abusó del chile habanero, sujétele la mano con suavidad, dígale que todo va a estar bien y ordene un smoothie de lychees con coco y piña; con esto ya habrá ganado los suficientes puntos como para aspirar a seguir bien acompañado. ¿Qué tal ir pensando en el plato fuerte? Para ella estaría bien un salmón a la plancha en salsa nam-pla con mazorquitas baby y espinacas. Para usted, medallones de lomo con crema de mostaza y chipotle y puré de romero. Déjese llevar nuevamente por el entorno. La música lounge va transformando lentamente el ambiente mientras oscurece. Aquel sillón clásico tipo Luis XV incrustado en un espejo de marco dorado, en la pared, se ve más sofisticado que nunca y se da cuenta de que es el momento perfecto para endulzarle a ella el oído con un helado de rosas. Después de probarlo, ya no habrá marcha atrás. Las características cortinas rojas se cierran un poco para lograr que el interior se desconecte de la realidad. El restaurante se torna exclusivo, sin ser excluyente. Y es justo aquí cuando el nombre del lugar cobra protagonismo: "¿Por qué D'smadre?", pregunta ella con ojos curiosos.

Santiago Cabrera, dueño y experto en "finales felices" (no se sorprenda si para hacerlo quedar bien se inventa una entrada que no está en la carta o le decora la mesa con algunos pétalos) tomó el nombre de una expresión mexicana que significa irse en contra de lo establecido, armar una recocha de puta madre y fusionar todos los elementos disponibles, desde la comida hasta la música, pasando por un diseño interior original y muy chic, creado por Eduardo Márquez, quien logró materializar todo para su disfrute. Ahora pida un Secsi D'smadre —fresas y maracuyá maceradas en azúcar morena y vodka— y… ya usted sabe qué hacer.

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