Si el pintor italiano Carlo Crivelli no hubiera pasado a la historia, seguramente nos estaríamos perdiendo del único restaurante colombiano en preparar algo tan novedoso como exquisito: la nueva cocina renacentista. Pero vayamos por partes. De entrada, el restaurante (en plena zona G) impacta con unas pinturas religiosas donde las flores y las frutas sirven de abrebocas para una velada perfecta. ¿La razón? Los cuadros van de la mano con la comida. Diego Sánchez, chef y uno de los seis socios del lugar, estuvo cuatro años investigando lo mejor de las frutas, las flores y los licores para así poder crear platos que más bien parecen obras de arte.

Imagínese, por ejemplo, empezar la semana el martes con su mejor amiga, probando juntos un delicioso tirado de lomo, res y salmón con reducción de mostaza Dijon y vino blanco y un crocante de vermicelli de arroz y furikake. El miércoles puede ser un poco más completo en el segundo piso si decide llevar a su ex. Entre los dos podrán comerse un t-bone steak de 400 gramos con salsa de soya, ron, ostras, aceite de ajonjolí y un fondo de res. Con esto, las reconciliaciones no harán falta. Ya es jueves y usted necesita descansar de tanta carne. Invite a su traga maluca y demuéstrele que usted también puede ser sensible, pidiendo ensalada de lechugas orientales, flores comestibles y vinagreta de pitahaya. Si después de esto no la pone a pensar con un postre de mango tommy, infusión de eucalipto y vodka, ella se lo pierde. Como el viernes es deber sagrado cumplirle a su novia que no ve desde hace una semana, reserve la mesa VIP en el tercer piso y trámela con un pato a la oss (no, no es error ortográfico; Diego se inventó este plato para regalárselo a su padre, Oscar Sánchez Silva): magret de pato canadiense sellado con salsa de cascos de mandarina, fresas y jerez. El sábado puede recuperar el voltaje invitando a aquella compañera de trabajo que lo trae loco. Hágase en la terraza, en una de las mesas con estructura de guadua y pida el coctel de la casa: un whisky flameado y decantado a una copa con hielo y veraneras, mientras va ideando la estrategia de conquista. ¿Qué le va a regalar? ¿Quizás una flor de Jamaica o unos jazmines? ¿O mejor algunos pétalos de rosas o de caléndulas? No tendrá que romperse la cabeza pensando en cuál es la mejor opción; al fin y al cabo en Crivelli los ramos de flores vienen en la comida, en forma natural o convertidos en deliciosas salsas, para que el detalle también conquiste su paladar.

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