Tarallucci es una galleta que se sirve como entremés y se remoja en vino, pero para la mayoría de los italianos también es una forma de decir que todo termina bien o que un negocio se hizo bien. Y bajo esa idea nació este lugar en el corazón de La Macarena. Luigi Ghidetti es un napolitano que por tradición familiar siempre ha estado vinculado a la buena cocina. Montó un restaurante en su tierra natal con gran éxito y luego decidió hacer lo propio en Nueva York. Un día llegó a Bogotá, por sugerencia de una amiga colombiana y decidió quedarse. Se dedicó a mirar y analizar los diferentes restaurantes de comida italiana de la ciudad y, según él, algo faltaba. Para Luigi, la capital no contaba con un sitio que aplicara los fundamentos tradicionales del arte culinario italiano y, mejor aún, que en un solo restaurante se pudieran encontrar platos de todas las regiones de la península itálica. Ahí nació la idea de crear Tarallucci.

Una vieja casona del barrio La Macarena fue acondicionada para generar un ambiente que mezcla tradición y modernidad. La fachada refleja un blanco intenso con ventanas llenas de flores que da una apariencia de casa de la región de Toscana. Dentro del restaurante el concepto se ciñe a la limpieza y la comodidad con grandes espacios entre cada mesa y la posibilidad de ver en toda su dimensión la cocina. Usted en Tarallucci puede ver sin problemas cómo los chefs preparan las diferentes pastas.

La decoración maneja un concepto muy mediterráneo con colores blancos y verdes muy pálidos que contrastan con el amarillo del lounge del bar. Para generar un contraste moderno y cultural, la obra de la artista Sandra Bermúdez sobresale en cada una de las paredes del restaurante.

Los fundamentos de la comida de Tarallucci son los verdaderos platos típicos de Italia. En la carta hay platos de cualquier región: desde propuestas del norte como el carpaccio di lomo de res o langostinos con garbanzos, pasando por el sur con mejillones en vino blanco, hasta llegar al centro con, por ejemplo, bucattini alla madrigiana. Quien haya comido en Italia sentirá en Tarallucci una sensación de 'déjá vu'.

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