Tiene aire de monasterio. El ladrillo a la vista, los muros de casi un metro de grosor, la iluminación sobria, los grandes ventanales que conservan los vidrios de colores de la antigua cervecería y las puertas de madera en forma de arco lo hacen ver como una abadía medieval. Pero en el lugar no hay monjes o abades, sólo una adoración divina por la buena mesa.
Para disfrutarlo no hay necesidad de visa. Para probar lo mejor de la cocina europea no hay que abordar un tren —de pronto TransMilenio y bajarse en la estación de la 26—. Ni siquiera hay que cambiarse de mesa. Sólo basta mirar la carta y elegir el plato. Desde Portugal hasta Grecia, incluyendo Alemania, Austria y cada uno de los cantones suizos, desfilan en el menú del restaurante DiVino. Adentro, dos pequeñas pizarras invitan a probar las sugerencias del día. Lunes: Callos a la madrileña. Martes: Ensalada primavera. Miércoles: Escalope a la francesa. Jueves: Rodillón al alemán. Viernes: Paella española. Y claro, el vino no puede faltar. Franceses, españoles y chilenos, “jóvenes pero honestos”, esperan ser descorchados.
Pero para ir en orden puede decidirse primero entre una entrada fría como el Bresaola Capresse, o una caliente como la Sopa de cebolla Parisienne.
Paso siguiente: el plato fuerte. Arroz negro a la moda del chef Mario (arroz cocido con calamares en su tinta, langostinos y queso parmesano). O una Zarzuelilla Romesco (cocido de filetes de pescado en una salsa de tomates y vino blanco) y qué tal un Emincé de ternera al estilo Zurich (cortes finos de ternera en una salsa cremosa de vino blanco y champiñones, acompañados de Papa Rösti).
¿Y de postre? Puede escoger a ciegas. Todos son hechos en casa y cualquiera será un buen broche para ponerle el punto ‘seguido’ a una gran comida —final no, porque si va una vez, seguro querrá volver siempre—. Las alternativas pueden ser: Tres helados de fruta, Eclaires al Estilo DiVino, Strudel de Manzana, Mousse de dos chocolates, o el Mousse de maracuyá… pero eso sí, si va y no prueba el Parfait de canela con salsa de naranja es como si nunca hubiera estado. ¡Hmmm! Ahí está el secreto.
El gran secreto de la cocina, como la vida, es la pasión. Y eso precisamente es lo que le ponen Yvonne y Harry a este lugar. Dos suizos que lograron meter a toda Europa en un lugar que aunque parece un monasterio es el sitio indicado para pecar bajo la excusa de una gran comilona.

DIVINO
Dirección: Cra. 13 # 28A–31
Edificio Cavas, L–201
Parque Central Bavaria
Teléfono: 2888575
Entradas: De $5.000 a $10.000
Pescados: De $18.000 a $22.500
Carnes y aves: De $15.000 a $18.000
Postres: De $5.000 a $7.500

Lunes a miércoles de 12 m. a 6 p.m.
Jueves y viernes se extiende a la noche… hasta la última copa.

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