Que suene cursi, si es el caso, pero pocas veces se encuentra en el escenario gastronómico de Bogotá un lugar al que no le pasan los años. Que se mantiene, en medio del agite de todos los días, intacto. Que respira personalidad, y de paso, contagia a todo aquel que lo visite. En los dos años de pesquisas que hemos realizado detrás de los mejores restaurantes del país, hemos encontrado de todo: sitios pequeños; lugares abiertos, campestres y festivos; restaurantes de recia etiqueta y platos minimalistas. De todo. Por eso, cuando después de un consejo de redacción de más de dos horas decidimos volver a aquellos escenarios que nunca pasarán de moda lo primero que nos atrevimos a sugerir fue Urbano.



Ubicado en la famosa colina de la deshonra (nombre con el que se conoció durante mucho tiempo el sector de La Macarena), Urbano ha sabido mantener su onda kitsh entre sartenes, lindas meseras y deliciosos platos. Diego Castro, su propietario, nos atendió. Y entre ginebras con tónica y tragos de whisky repasamos la historia del escenario gastronómico más bogotano de toda Bogotá. La carta, mezcla de juego, y cachivaches, y también informalidad, desafió nuestro apetito mostrándonos las entradas: Usme (Palmitos de cangrejo al ajillo), Bosa (Palmitos de cangrejo gratinados), Avenida Boyacá (Champiñones con tomate macerado) y hasta Monserrate (Mozzarella con tomate).



Una de las particularidades de Urbano es que desde el comienzo ha mantenido una sola filosofía en la preparación de los alimentos. No importa qué plato se pida, siempre estará fresco. Comimos. Nos decidimos por los calamares, de entrada, y... ¿como plato fuerte? No es fácil hacer la elección correcta. Sus nombres son un verdadero recorrido por esa geografía bogotanísima que habla de Estación de la Sabana, Planetario Distrital, Coliseo, Estadio, bla, bla, bla. Nos decidimos por Museo Nacional (Medallón de lomo adornado con brócoli y zanahoria) y Bosque Izquierdo (Medallón de lomo con berenjenas y queso fundido). Y no volvimos a hablar sino hasta terminar el último bocado. Cocción exacta, porciones suficientes, sazón inconfundible. “Aquí, lo mejor, es que antes que ser un sitio para comer es un lugar para hacer un buen plan”, confiesa Castro. Y tiene razón. No es fácil encontrar un lugar donde se coma bueno, se eche carreta y se diga, sin dudarlo, “deme otra ginebra”, porque después de probar su comida no queda otra sino celebrar.



URBANO

Calificación: (*****), para comerse a Bogotá.

Dirección: Cra. 4A # 27–03

Teléfono: 3341432

Precio: Entradas desde $9.200 hasta $15.500; ensaladas desde $8.600 hasta 17.700; platos fuertes desde $14.100 hasta $23.000.

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