¡Chisme bomba! Me contaron los chismosos que el Mono de Sweet deseaba tanto ser mujer que cuando tenía como 15 años quedó embarazado y de ese empujón ya tiene una nieta.
¡¡¡Fiiiiuuuu. Fuuuiiiii!!!
Carlos Giraldo pertenece a ese grupo de personajes televisivos que se creen sweet, pero que nos ponen bastante sour. Se autodenomina actor y bailarín. Pero en artes escénicas no le hemos visto nada a menos que haya sido el grillo de Xiomy y no haya tenido el valor de soltarnos el chisme. Y de bailarín, de pronto lo hará en esos bares capitalinos en los que a uno le toca ponerle la mano encima del vaso durante toda la noche para que no le vayan a echar quereme y evitar así, despertar al otro día acostado en una habitación extraña del centro de la ciudad con las nalgas hechas un par de patacones.
Bueno, pero empecemos por el principio. El Mono de Sweet no es ningún mono. Es un enano mechinegro que cumplió con un indispensable requisito: agradar de manera vanidosa a Malcom Aponte, el jefe máximo de Colombiana de Televisión, la casa productora Sweet, "el dulce sabor del chisme" y de otra joya de la corona: Padres e hijos.
¡¡¡Fiiiiuuuu. Fuuuiiiii!!!
Pero lo insoportable de este personaje es la incoherencia entre su audio y su video. Mientras vemos a un androide electrogay de fines de milenio, flaco, de pelo sometido a decoloración como si fuera un Pirry envejecido, lo oímos hablando como una vieja insatisfecha, de bozo, que ventanea todo el día, que hace desplantes con muecas, que rechaza el sexo, pero que si se toma un vinito le termina buscando conversa a los amigos de su nieto. Esa viuda, gorda, que se peina por la mitad como el vicepresidente Santos, que regaña a celadores, que no se pierde ni una sola novela, que solo lee revistas de consejitos prácticos y que va a misa de seis con chal negro, señora de estrato medio clasista.
Con el ánimo de seguir trapeando a todo el mundo sin que le dieran en la jeta por la calle, al Mono se le ocurrió una frasecita que pretende calmar agravios en su contra. Afirma que el sujeto que aparece en pantalla no es él, sino un personaje al que está representando. Qué pena, pero ese cuentico es comparable con el estúpido discurso que se inventaron los participantes de realities que traicionan a sus amigos: "Tranquilo, no se ponga bravo conmigo porque esto es solo un juego". Pero los 350 millones de pesos que me pienso ganar usándote como un trapo, sí son de verdad. A Carlitos, como lo llama su compañera de set, nadie le cree semejante disculpa tan marica (y que pena la redundancia). El Mono tiene que asumir lo que dice frente a la cámara y ponerle la cara a su intento fallido, al defectuoso resultado de mezclar dramaturgia con información.
Y a pesar de que su club de periodistas anda con agendas y líneas telefónicas conectadas al acontecer farandulero, el Mono todavía nos está debiendo el mejor chisme bomba:
"De un momento para otro y mientras estaba redactando otro chismecito sin confirmar, la Fiscalía General de la Nación detuvo por enriquecimiento ilícito a Marleny Fandiño, directora de Sweet, 'el dulce sabor del chisme'. ¡Sí, señores! Detalles del operativo, después de comerciales".
¡¡¡Fiiiiuuuu. Fuuuiiiii!!!

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