Cuando critico la televisión, sus múltiples defensores me invitan a abrir la mente al mundo a través de programas culturales como los que presentan en el siempre bien ponderado Discovery Chanel. Sin embargo, me niego a contaminarme con información que no me interesa y que no me aporta en lo absoluto. No entiendo cómo puede enriquecer mi intelecto ver de qué manera los gringos se gastan grandes sumas de dinero para fabricar máquinas inútiles que simulan un combate entre un oso grizzly y un caimán amazónico, si jamás me voy a encontrar un oso de esos cuando monto bicicleta en La Calera y, si así fuera, no tengo un caimán como mascota para que me defienda. Además, esa lucha en la vida real no tiene sentido y no quiero aguantarme los comentarios de los simpáticos presentadores que al apoyar al caimán dicen que después de la pelea el oso quedará como un peluche mientras que el otro, aún más jocoso, le responde: "Mi oso usará de cartera la cabeza de tu caimán".
Me rehúso también a ver ese canal para no ser como algunas personas que se creen cultas por verlo, a quienes he visto meterse en cualquier tipo de conversación, utilizando como argumento irrefutable: "Es que lo vi en Discovery Channel", como si eso fuera palabra divina. ¡Qué va! Estoy seguro de que ni siquiera eso que dijeron lo vieron en Discovery Channel, seguramente por estar llamando al concurso de César Escola, donde un coro desafinado de gente que ni siquiera es bonita sale canturreando "Hola, hola ¿cómo te llamas?" (en realidad ese programa es mi principal razón para no ver televisión. No creo que exista en Argentina ningún compatriota perturbando de esa manera la tranquilidad de la ciudadanía gaucha, pero como represalia deberíamos enviar a Yo, José Gabriel para que con su mirada ultrasofisticada conquiste las noches porteñas). Simplemente alguien les dijo que lo vio en Discovery Channel, como si estuviera compartiendo una verdad revelada y ellos acatan como si no existieran auténticas fuentes de conocimiento. Por eso es mi intención sentar una protesta, no contra el canal, sino contra todos aquellos que creen ciegamente a quienes fundamentan las teorías más insólitas afirmando categóricamente: "Eso lo vi en Discovery Channel" y, sobre todo, contra quienes utilizan este argumento como prenda de garantía.
Este malestar profundo surgió de una conversación entre varios televidentes reconocidos que oí por casualidad mientras trataba de dormirme en la camioneta de un amigo regresando de un paseo. El tema, en principio, era el genoma humano. Luego los participantes entusiasmados desarrollaron varias teorías sobre la clonación que se contradecían unas con otras y, más que sustentar o entender siquiera alguna, seguían lanzando nuevas hipótesis, hasta que alguien aseguró: "Científicamente está comprobado que los animales parecidos a los french poodle -los grandes, no los tacita de té-, genéticamente son descendientes directos de las ovejas en un 98 por ciento. Es decir, que no son perros sino carneros. Me pareció increíble, pero lo vi en Discovery Channel". Yo permanecí en silencio aguardando que alguien se manifestara contra esa afirmación traída de los cabellos, pero nadie en el carro dijo nada. Tristemente comprobé que esa frase fue suficiente para convencerlos pues, tiempo después, una persona que estuvo en el mismo carro volviendo del mismo paseo y que me creyó dormido quiso sorprenderme luego en un almuerzo con esa teoría vista por él. Ante eso, le sugerí que llamara esa noche a Escola a ver si ganaba algún premio, en vez de estar viendo tanto Discovery Channel.

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