En una entrevista a comienzos de año, Elton John declaró enfáticamente: "Si llego a ver una foto más de Ben Affleck, me vomito."A mí, que apenas me gustan un par de canciones de Elton y leí la entrevista por casualidad, me causó admiración instantánea. Si ahora todo el mundo se escandaliza del uso promocional que hace Tom Cruise de su vida sentimental es porque olvidamos que Affleck es el rey: sendos noviazgos con Gwyneth Paltrow y Jennifer Lopez, acompañados de las respectivas películas en las que compartieron el set. No es el primero que chupa rueda de la fama de la novia, pero en este caso sospecho una intención más oscura: disparar una cortina de humo mediática que impida hablar de su actuación. Con todos los pseudoperiodistas ocupados entre que si sí se casa o que si no, o que si él puso los cachos o que si se los pusieron, pues a nadie le queda tiempo para comentar sus casi nulas habilidades histriónicas.
Confieso que me gustan dos de sus películas: Shakespeare enamorado y Good will hunting. En la primera hace el papel de actor güevón al que el dramaturgo engaña. O sea que hace una mera representación de sí mismo. Y en la segunda, pues bueno, como dice un amigo, es claro que él y Matt Damon se repartieron los papeles adecuadamente, porque nadie le creería a Ben el rol de genio atormentado. También debo admitir que lloré viendo Armageddon. Pero fue consecuencia de un trauma infantil: ni siquiera puedo ver la foto de un astronauta sin que se me encharquen los ojos. Lo aclaro, porque vi la película con mi hermano y fijo después de leer esto va y dice que soy un mentiroso. No lloraba de emoción estética conmovido por el límite al que Benny llevaba el arte de la actuación en ese momento, sino por la inocencia de los sueños infantiles. Aunque, bien pensado, este es uno de los grandes momentos del arte dramático benaflequiano, ya que de ahí en adelante no ha podido hacerlo mejor. Ni peor. Ni siquiera diferente.
En un blog malediciente dicen que Affleck y J. Lo. terminaron porque él no resistía que se refirieran a ellos como "Bennifer". Parece ser que la similitud fonética entre "Bennifer" y "Lucifer" (al pronunciar en inglés, claro) lo tenía aterrado. No por sus creencias religiosas, sino porque su agente le había dicho que eso podía afectar su imagen en varias regiones del centro de Estados Unidos. Y es que cuando uno se gana millones de dólares al año parándose frente a una cámara para hacer de niño bueno e inocente, siempre con la misma miradita de Yordano, hay que cuidar la imagen a lo que dé lugar. Y nada más fatal para el público gringo que este tipo de resonancias satánicas.
¿Una mentira baja y rastrera? Seguramente. Pero a fin de cuentas, ¿quién puede sentir algún respeto por un actor cuyo máximo recurso expresivo consiste en dejarse crecer la barba o en recortársela cuando la tiene crecida? La única vez que me pareció convincente fue en la escena del yate en el video de Jenny from the block en la que le acaricia el trasero a la cantante. Claro que hasta Danilo Santos haría bien ese papel: la superficie a recorrer con la mano es amplia, tentadora y capaz de llenar de inspiración lujuriosa a cualquiera.
Leí en internet que en Virginia los demócratas quieren que Benny sea su candidato al Congreso. Nada raro, teniendo en cuenta que en Estados Unidos la política parece ser una salida digna para más de un actor mediocre. Un final de carrera igualmente público e histriónico, pero que requiere mucha menos versatilidad, a fin de cuentas se trata de especializarse en un papel y repetirlo frente a las cámaras hasta el cansancio. Algo que a nuestro muchacho le viene como anillo al dedo.

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