Yo debo ser de las pocas personas que se han puesto su propia chapa. Recuerdo bien aquel día que fui a cine a verme La flecha rota, el típico western gringo, donde Jeff Chandler actuó como Cochise, el jefe de una tribu de indios apaches. El tipo era tan combativo y entregado, que solamente con hachas y flechas derrotaba a los hombres blancos que los atacaban con rifles Winchester. No lo dudé un segundo: decidí que ese sería el apodo de mi vida. Además, Martín viene de Marte, el dios romano de la guerra. Con ese nombre y esa chapa siempre me he sentido plenamente identificado, desde pequeñito, cuando alquilaba bicicletas por veinte centavos y metía mi pierna por entre el marco para así poder montar junto con mi hermano y pasar por mi trabajo como mensajero montando las famosas "cachonas", hasta el momento en que empecé mi etapa profesional con las Monark, antes de alcanzar la gloria deportiva.

'Cochise' es un apodo que ha perdurado a través del tiempo y se ha hecho trascendental, a pesar de que ahora, en mi etapa política como concejal de Medellín, ha sido todo un problema: como la gente no me conoce por mi nombre de pila sino por mi chapa, saqué muy pocos votos (los justos para salir electo). Por eso es que siempre he preferido el apodo que me puse cuando tenía diez años en una sala de cine; apodo que extraño mucho en el Concejo, cuando escucho una mecánica voz por los parlantes llamando a lista y pronunciando un aburrido "doctor Martín Emilio Rodríguez".

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