Cuando me pisé de Cali, en 1970, los amigos de la gallada hicieron vaca para que apenas acuatizara en Bogotá ingresara en el Caro y Cuervo, a ver si dejaba de expresarme como Mayolo. Yo venía cargado de todo el lexicón caleño*, con el que no pude hacerme entender sino de mis coterráneos. Aunque nadie publicaba temas sexuales, quería convertirme en un Jorge Isaacs del porno, para escándalo u orgullo de mi terruño. A fin de no caer en un Hernán Hoyos, me consagré al estudio de terminologías clásicas y parapatías delirantes, del Marqués de Sade a Sacher Masoch con escala en el Aretino. Lo que tampoco me ha servido de mucho, a juzgar por estos textos comparativos abreviados que me requieren de SoHo. ¿Por cuál tipo de expresión decidirme? ¿La regional excluyente o la universal aparente? Espero el veredicto de los lectores.
 

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