Durante 35 años soporté que mi ojo izquierdo se me fuera para un lado. Según me cuenta mi madre, a los nueve años sufrí un golpe y a partir de ese instante empezó mi relación con el estrabismo. Mi primera operación fue a los diez años. En ese instante mi ojo ya estaba fuera del curso normal. Yo miraba de frente a las personas y quien estaba a mi lado izquierdo pensaba que le estaba hablando a él. Los apodos no tardaron en llegar, siempre me dijeron bizco. Nunca me importó lo que decían de mí y, hoy, a mis cincuenta años, perdí la visión por ese ojo, pero ya no tengo el globo ocular desviado.

El hecho de no ver por el lado izquierdo ha permitido desarrollar mejor mis reflejos. En la clínica Palmer de Miami me metieron en una cápsula y descubrieron que tengo una mejor ubicación espacial. Incluso, he realizado pruebas de tiro al blanco y de 40 disparos, 38 acertaron en el blanco. El otro aspecto se centra en lo estético. Mi amigas, una que otra admiradora y toda mi familia están felices por mi apariencia física. Aunque les confieso que durante mis años de estrabismo las mujeres me miraban raro y los niños con curiosidad.

Los mitos que han surgido alrededor del estrabismo son muchos. Con seguridad y conocimiento de causa les puedo decir que nunca vi doble, nunca me tocó calcular el centro de alguna cosa para no tener que estrellarme con algo y siempre vi los postes de luz como los ve cualquier persona: individuales y no al cuadrado.

Hoy, que estoy operado, que mi ojo está ubicado donde siempre tuvo que estar y a pesar de no ver por ese lado, me siento feliz, pleno y con ganas de iniciar muchos proyectos en mi vida. Estoy recién salido de la cirugía y debo tener muchos cuidados mientras las heridas oculares cicatrizan. Afortunadamente, la ciencia ha progresado y los que teníamos un ojo "en recreo" tenemos la opción de curarnos y mejorar nuestra calidad de vida.

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