Las épocas navideñas son propicias para las fiestas de empresa. Sin embargo, los aniversarios, las calificaciones del Icontec o los cambios de sede también suelen usarse como momentos oportunos para acercar a los empleados con los jefes, y a los colaboradores y operarios con las altas instancias adm Estos eventos son, en general, la oportunidad que muchos esperan para acercarse a sus jefes directos e indirectos, y en la mayoría de los casos para cantarle la tabla a un auditor entre papas saladas y guacamole, para conseguir un mejor lugar de parqueo o para exigir un nuevo computador.
El principal problema de las fiestas empresariales es el consumo de licor. Y el contenido alcohólico de las bebidas. Las fiestas empresariales con sifón y ternera a la llanera pueden transcurrir pacíficamente, y las conversaciones entre empleados y jefes se pueden mantener en un nivel aceptable de tolerancia y respeto. Por supuesto no falta aquel que al noveno vaso de sifón resuelva cantar una ranchera, pero normalmente acaban sin mayores problemas. Por el contrario, cuando la empresa resuelve realizar el evento con bar abierto en el que se consigue aguardiente, ron o whisky, la situación es completamente diferente. Durante la primera hora del evento, mientras los participantes llegan y se ubican con sus compañeros, el ambiente es de camaradería y conversación amigable. Casi siempre hay un conjunto musical o una papayera "amenizando". Al cabo de dos horas, el alcohol empieza a surtir efecto. Si además la fiesta es con becerrada, las primeras manifestaciones de embriaguez aparecen con la segunda vaquilla, cuando alguno resuelve sacar a relucir su afición a la tauromaquia y procede a brindar la becerra a todos sus amigos. Es en ese momento cuando la vaquilla lo embiste por detrás y, entre risas y gritos, el Paquirri de turno se levanta embarrado y borracho, y decide agarrar a la res por la cabeza, en un acto de valentía y arrojo cuyo único resultado es que enciende el valor entre los que están observando. Al final de la lidia, todo el que se ha tomado más de tres aguardientes entra en el coso y se acaba la fiesta brava.
El segundo tiempo de la fiesta es el baile. Todo trabajador de una empresa tiene un amor o un deseo escondido por alguna compañera, y al son de la música intenta persuadirla de bailar con él. Y mientras los asistentes les caen a todas las secretarias, siempre existe algún lambón que busca con insistencia a su jefe para decirle lo que piensa de los resultados de la empresa. Los jefes suelen tener un gran ojo para saber cuáles son los empleados que los están buscando para congraciarse con ellos, y normalmente cuando el personaje aparece le ponen un brazo en la espalda y lo manejan con frases neutras como "Hola, Vásquez, y usted si ni más, ¿no?"... Pero también está el empleado que al calor del alcohol se llena de valor y resuelve decirle alguna verdad o recordarle algún defecto a cierto directivo. Casi siempre aprovechan la cola para almorzar, y comienzan con ofrecerle un sorbo de aguardiente a su víctima. Si el jefe acepta, se establece una camaradería que le puede resultar muy cara, porque a partir de ese momento comienza el memorial de agravios, que casi siempre se produce con una conversación a muy cercana distancia de la cara del contertulio, salpicada de saliva y aguardiente.
Las fiestas empresariales con bebidas alcohólicas siempre terminan a la una de la mañana. Y siempre producen al otro día la sensación de arrepentimiento.

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