El apodo de 'el Pollo' me lo puso Rafael Escalona con ocasión de mi candidatura presidencial en 1973. Era la moda de entonces componer vallenatos de carácter político, como aquel que rezaba: "López es el Pollo. Es el Pollo que Colombia necesita". Fue un apodo que corrió con fortuna, al mismo tiempo que aquel sobre Cecilia, que se ganó el nombre de la 'Niña Ceci', con aquella estrofa que decía: "La Niña Ceci pa´ dónde va/ con su sonrisa que a todos da/ va de la mano de la esperanza/ que trae futuro, que trae la paz", obra de Alfonso de la Espriella y Eduardo Cabas.

Fueron canciones que hicieron época. Una generación entera las cantó en vísperas de la primera elección libre, tras las limitaciones del Frente Nacional, cuando, merced a la alternación en la Presidencia de la República, solo había dos candidatos enfrentados: el de la coalición del Frente Nacional, que llamábamos el oficialismo y el de la oposición, antes de que surgiera la Anapo, que fue cobrando fuerza en sucesivas elecciones con el regreso del general Rojas Pinilla.

A raíz de la última elección presidencial de mayo de este año, pude verificar cómo esta mística ha ido desa-pareciendo y nuestro día de elecciones se asemeja a cualquier día de oficina en una ciudad nortemaricana, en donde no hay manifestaciones bulliciosas del partidismo. Confieso que añoro aquellas épocas en que desfilábamos en vehículos automotores, vestidos con las boinas rojas y las camisetas del Partido Liberal, cantando y vivando nuestra causa. Tiempos que fueron y quizá no volverán, a menos que se imponga el sistema parlamentario con su correspondiente régimen de partidos, en lugar de esas colectividades puesteras que han ido sustituyendo las colectividades políticas propiamente dichas.

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