Durante un mes largo estuvimos esperando que el certamen nos lo diera. Como no creíamos que fuera una petición fuera de tono, ni pensábamos que su revelación a los medios pudiera ser considerada como un acto atentatorio contra la honra de nadie, nos imaginamos que nos lo darían en un abrir y cerrar de ojos. ¡Qué ilusos! No solo nunca nos lo entregaron, sino que a la revista se le convirtió en una de las hazañas periodísticas más difíciles de llevar a buen puerto. Finalmente, cuando estábamos a punto de capitular, una persona cercana al certamen tuvo a bien pasárnoslo, no sin cierta cautela, como si se tratara de uno de los secretos más celosamente guardados de Colombia o de la receta de las goticas que toma el presidente Uribe para calmar sus frecuentes salidas de ropa.

Ávida de encontrar algún sustento para tanto secretismo, me senté a leer detenidamente las 27 páginas del reglamento y de no ser por algunas joyas, casi me duermo. Ninguna revelación que ya no fuera un secreto a voces se desprendía de su lectura. Que las candidatas para ir a Cartagena deberían ser elegidas siguiendo un procedimiento; que ese procedimiento debería estar de acuerdo con la junta directiva de la Corporación Concurso Nacional de Belleza; que la junta directiva de la Corporación era nadie más ni nadie menos que Raimundo Angulo, un hombre dueño de un poder providencial solo comparable al que tiene el presidente Uribe a la hora de hacer política.

En cuanto a la elegibilidad y condiciones de participación de las candidatas, lo único que descubrí es que estas tenían más requisitos que para llegar a ser congresista: no pueden, por ejemplo, haberse cambiado de sexo, mientras que los otros sí; no pueden haber concebido un hijo, estar embarazadas, haber modelado ropa interior, posado para fotografías o videos desnudas o en ropa íntima. Tampoco pueden ser elegidas las que no sean célibes, las que mientan en su biografía, ni las que hayan incurrido en "conductas o participado en actividades que puedan comprometer su buen nombre e imagen

y/o poner en ridículo o menoscabar la reputación e imagen de, literalmente, Raimundo y todo el mundo. Cualquier niña que con su conducta maleva atente contra el buen nombre del "del pueblo colombiano", de la Corporación Concurso Nacional de Belleza, de sus directivos, de sus empleados, de los patrocinadores del certamen" y/o de los bienes o servicios que estos ofrecen, será fulminantemente descabezada del certamen y su cabeza rodará como rodó la de la reina María Antonieta. Los únicos que pueden dictaminar si una niña de estas incurrió en una "conducta que pueda comprometer el buen nombre" de semejante tracalada de gente es la Corporación Concurso Nacional de Belleza, el oráculo en donde tiene asiento don Raimundo Angulo.

Según el reglamento, la Corporación se "reserva el derecho de calificar esa conducta a su discreción".

Ante este reglamento tan draconiano que todas las reinas admiten seguir con sumisión a cambio de unos pocos segundos de fama, hasta razón tienen las candidatas de aparecer tan planas y tan poco espontáneas en sus declaraciones a la prensa. Con cláusulas como las anteriores, lo más inteligente es pasar por brutas. No va y sea que cualquier respuesta que se salga del molde sea considerada por el oráculo de la Corporación como atentatoria contra el nombre de alguien y terminen en la guillotina.

Un detalle sin importancia: por cuenta de una cláusula aparentemente inofensiva es probable que ninguna mujer desplazada llegue jamás al Reinado de Cartagena. Según el reglamento, solo aquellas que hayan vivido por lo menos tres años antes en la ciudad o departamento que aspiran representar, puede ser elegidas.

Por último una consideración: sorprende que sean tan estrictos al juzgar la conducta de las candidatas y, en cambio, tan gaseosos en su responsabilidad de impedir que dineros ilícitos terminen financiando el ajuar de algunas de las candidatas, como de hecho ya ha ocurrido. En este caso no hay guillotina, solo una declaración de conveniencia: "La Corporación Concurso Nacional de Belleza —dice la única cláusula que habla sobre tan espinoso tema— considera conveniente evitar que los recursos utilizados para sufragar los gastos que demanda la preparación y funcionamiento de los concursos departamentales y distritales y la preparación y dotación de las candidatas provengan de actividades ilícitas que puedan menoscabar el buen nombre de la corporación", ¿Qué tal que lo hubieran considerado inconveniente?


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