Acepto que uno suele pensar que el título de personaje más desastroso de nuestra ya desastrosa televisión está en algún punto entre el profesor Salomón y Carlos Calero, pero eso es porque cada vez menos gente ve noticieros y de seguir Eva apareciendo en CM& ya nadie los verá.

Algunos la critican por las faldas que utiliza, por el parado de maniquí y sobre todo por la sonrisa de cirugía plástica que pone al terminar de hablar. Pero esos son, en realidad, detalles menores. Eva Rey en realidad es terriblemente desesperante porque nos cuenta en detalle lo que piensa y opina de cuanto tema se pueda ocurrir. Eva es como la amiga que siempre tiene que hacer comentarios inteligentes de lo que sucede: "¡Qué tráfico tan pesado!" afirma uno inocentemente, solo para oír inmediatamente: "Ya que lo dices yo pienso que la solución del tráfico consiste en promover el uso del transporte público, adelantar la chatarrización y mejorar las vías. Precisamente, un día que monté en TransMilenio…".

Lo más infeliz del asunto es que aunque uno pueda estar de acuerdo, es tal el agobio que despierta el que habla que uno ruega a Dios que pase algo que imponga el silencio: un choque, un terremoto, incluso la eutanasia si la persona está opinando del calentamiento global. Es igual con Eva: uno arranca a pasar canales buscando lo que sea, los goles de la fecha en Honduras, la prueba de un reality o hasta un Consejo Comunal si es Eva quien opina del calentamiento global.

Para ser sincero, no me parece mal que Eva esté feliz con sus tetas pequeñas o que le encante tal o cual cantante. Allá ella. Allá Eva, para ser exactos. Lo grave es que nos lo cuenta en simultánea nacional todas las noches, con aires de suficiencia, para que nos enteremos de cosas que no nos interesan en lo más mínimo: si le cae bien o mal la reina de Inglaterra o si está de acuerdo con el sexo prematrimonial. Son cosas de las que habla uno con la familia y con personas cercanas. A veces me pregunto si cuando se reúne con sus amigos y ha agotado los temas de conversación en la televisión, arranca a contarles noticias: "Pues como ya saben lo que opino de las cirugías plásticas les voy a contar lo que pasó anoche en Bagdad" y pone su sonrisa estática de ponqué al terminar la frase. O si en lugar de despedirse con el levantadito de mano y el "chao, mis amores" que usa en televisión, les dice al retirarse: "Eso es todo por el día de hoy. Que descansen y gracias por acompañarnos". Pero como dirían las mamás, lo malo no es lo que dice (pues dice tantas cosas…) sino cómo lo dice: el popular "tonito". Yo me declaro aburrido de que me den cátedra de pensamiento liberal de cinco minutos todas las noches, con actitud de superioridad moral, cuando lo que humildemente pido es que me cuenten lo que pasó en el día. Cómo será el problema, que la sección se llama "Eva fusila" y arranca con nuestro nuevo faro ético gritando: "Yo fusilo a todas esas personas que se creen que…".

No me explico quién le dijo (¡Ay, Yamid! Primero Radionet, ahora esto) que en este país sería un éxito si jugaba a posar de irreverente. Hay pocas cosas más cansonas que los que están en autopromoción permanente contando lo auténticos que son, lo libres que viven, cómo son de atrevidos y audaces. Una de esas cosas es que vivan opinando creyendo guiar al resto de la humanidad hacia la luz. Yo pregunto: si en este país uribista hasta la médula todas las parejas de novios siguieron dándose el "gustico" después de que a nuestro Presidente le dio por proponer que "lo aplazaran" cuando nadie le había preguntado sobre el tema, ¿saben a quién carajo le importa lo que opine Eva? Lamentablemente parece que a Yamid.

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