Cuando mi mamá estaba embarazada, vivía con mi papá en Minneapolis. Al empezar las contracciones se dirigieron a la clínica, donde el doctor Williams les dijo que yo venía al revés, "sentada", y había que hacer cesárea, pero mi mamá quería tenerme por parto natural. Así empezaron quince horas de parto, con todas las complicaciones del mundo. Tras horas de nervios, angustias, y muchos riesgos, el médico logró voltearme, pero quedó tan cansado que su asistente, un médico italiano le dijo "let me tutti per me", combinando el inglés con el italiano, para decir que se lo dejaran todo a él. Mi papá rezaba por que todo saliera bien y yo naciera viva y sin anomalías. ¡Hasta que finalmente nací a las 11:40 a.m.! Mi papá, emocionadísimo, y con las palabras del italiano en la cabeza, salió a decirle a la familia: "¡Nació Tuti! ¡Nació Tuti". "¡Nació todo para mí!", era lo que en realidad estaba diciendo, pero se quedó como si fuera mi nombre. Y cuando llamaban amigos y familiares de Colombia a preguntar por la bebé él les respondía que había nacido Tuti. Y así me quedé bautizada para el resto de la vida, incluso en mi carrera de modelo, aunque el verdadero bautizo fue a los ocho meses.

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