En general, lo que yo no entendí fue el autodenominado rock en español, oxímoron tan absurdo como el merengue en rumano, la salsa en mandarín o la champeta en euskara; pero como había que especificar, pues enfoquémonos en su baluarte: Soda Stereo y su cabecilla, Gustavo Cerati, el gurú de aquel fenómeno musical que gestaron, por allá en los 60, Palito Ortega y sus secuaces de la Nueva Ola -no todas las cosas buenas empiezan con ola-. Las secuelas fueron nutridas por una estirpe de cuyos nombres quiero acordarme, pero me da comezón. Mejor dicho, ¡yo fui el que lanzó la moneda contra la frente de Miguel Mateos en el Concierto de Conciertos de 1987, el año de la peste! De haber estado allí Cerati, habría sido un Septiembre Negro.
Cerati fue convertido en una leyenda viviente, de la noche a la mañana, como en muchos casos, gracias a las mujeres, enajenadas por su nariz de Cyrano pop, sus ojitos de Petete con monchis, su macabro híbrido de fragilidad y 'sexapil'... y ese acento que lubrica los tímpanos de toda hembra hispanoparlante que no habite el cono sur. Aunque parezca visceral, mi no-entendimiento es meramente lingüístico, gramatical y... resentido.
La música está bien: una excelente clonación del new wave británico (The Cure, Tears for Fears, Depeche Mode, Talking Heads, The Cars, Euryhmics, New Order, Madness, et als.). Los videos... ¡ahí!, como para que no digan. Los conciertos: euforia irracional de una generación que nunca la logró con el inglés y reclamaba una música en su idioma, propicio sólo para el tango, el son, el merengue, la quebradita, el merecumbé, el bambuco, el vallenato y el suá-suá-suá. Lo que aún no puedo entender que haya calado en el imaginario criollo son ¡las letras!
La prensa y la fanaticada las han rotulado de 'poesía pop' -yo diría, más bien, 'popoesía'-, porque dizque son surreales. Surrealismo, Gustavo, es, por si no lo sabías, la escuela estética que expresa lo que está sobre el realismo, haciendo uso de los mecanismos del inconsciente para comunicarse con el mundo exterior: el mundo onírico hecho arte... y no simplemente "lo que a mí se me viene a la cabeza", como alguna vez, a finales del siglo pasado manifestaste públicamente cuando te preguntaron por el método creativo de tus líricas. Una cosa es onirismo... y otra muy distinta, el 'orinismo'; eso que tú haces: expeler palabras aleatorias, haciéndole creer a tu inocente audiencia que significan algo. Pues no, Tavito..., ¡no significan nada!
Lo que Cyranni hace es, simplemente, utilizar un software llamado Lyrix2.0, el cual baraja aleatoriamente sustantivos y adjetivos. El programa relaciona arbitrariamente la constitución molecular de los unos con la de los otros. Así, por ejemplo: tu cuerpo es de látex (Nada Personal), acero inolvidable/ zoom anatómico (Zoom); el amor es como un océano de fuego (Corazón delator), en este tiempo anfibio temo perderte (Primavera cero), mi voz vegetal (Planta). Incluso el mismo nombre de la banda es un ejemplo de esta técnica rudimentaria... ¡No, Gustav! El surrealismo no se construye a punta de ocurrencias, sino de discursos del inconsciente, inconsciente.
En ese orden de ideas, yo mismo he construido una canción a lo roquenespañol, haciendo uso ilegal del software Lyrix2.0, para que vean que esto del ceratismo es soplar y hacer botellas de papel:
Serenata a control-remoto (by Gonzzo Panzerotti)
"Ayer soñé / que estábamos sentados de cabeza / No desperté / Teníamos los cabellos de plastilina / Tú me escupías / balas blandas para matar salamandras blancas / Amaneció / y los rayos de sol subían por la tubería / (Y llovía y llovía) / El hombre llegó / El hambre, hasta el cuello / La corbata que se puso / le apretaba la garganta / como un lazo de suicida / que sofoca la clepsidra".

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