Me dicen Pirry desde los siete años, cuando estaba en tercero de primaria. Al comienzo me decían 'pulga', 'chirrimplis' y 'enano', porque siempre fui el más bajito del curso. Pero a mí, la verdad, me daba piedra que me dijeran 'chirrimplis'.

Una vez tuve una confrontación con mis compañeros y el profesor trató de calmarnos. Cuando supo que todo se debía a mi 'chirrimplesco' apodo entró a mediar, e ilustrativamente explicó que había otras formas de llamar a las cosas pequeñas y en medio de la discusión habló de una "victoria pírrica", cuando se habla de una victoria insignificante porque se logra con cuantiosas pérdidas en el bando propio. La historia cabe en dos líneas: Pirro, rey de Epiro, venció a los romanos pero le costó la vida de miles de sus hombres. Cuando vio los cadáveres de sus tropas dijo; "Otra victoria como esta y volveré solo a Epiro".

Nunca supe si el profesor quiso hacerme un favor, pero de la palabra pírrica salió Pirry, y así me dejaron. Creo que le atinó al apodo, porque me quedé enano y siempre paso por insignificante.

De alguna forma debo estar agradecido con mi apodo y con Álvaro García, director de noticias del Canal RCN, quien decidió que mi programa se llamara como todos lo conocen y no "El mundo según Guillermo Arturo", que es mi nombre completo. De todas formas dejo constancia de que yo no soy el original: el verdadero Pirry es un señor que vende perros en la 45 con 13, desde mucho antes que yo llegara a Bogotá. Espero que él nunca me vaya a demandar por violar sus derechos de autor.

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