Me encantan los comerciales en los que la gente baila y canta, como si fuera un acto rutinario y común, en la cocina, el patio de ropas o sobre la baldosa blanca de cualquier parte de la casa, y lo hacen en situaciones y sitios que parecen sacados, con actores y todo, de los comienzos de Padres e hijos.

Yo no sé qué fumarán los publicistas, pero lo cierto es que de un tiempo acá me emociono cuando veo que ya no solo se baila en los comerciales típicos de bebidas alcohólicas, discos o cantantes, sino también en uno de caldo de costilla, en uno de una reconocida marca de electrodomésticos o en uno de limpiador de piso.

Yo pensé que era cuento eso de bailar con la escoba, para que aprenda —como decían las mamás de antes— o que era un invento de doña Gloria Valencia de Castaño en El precio correcto para hacer aun más chévere la sección de "Bailando, bailando". Pero parece que no. Es un hecho que en las casas de los nuevos publicistas es común que se baile en la cocina; que las hermanas sean modelos y muestren los nuevos electrodomésticos y sonrían, y hasta que las mamás trapeen el piso, con las amigas del barrio, al ritmo que les pongan.

Lo bueno de esto es que no solo venden productos, sino que cambian vidas. Desde que salió el de Ricostilla, por ejemplo, he dejado de ser el mismo. Gracias a ellos no solo me he metido a cuanta clase de canto y baile anuncian por Citytv, sino que además he tratado de llegar a todo almuerzo bailando y cantando "llegó tu marido, mija, qué tienes pa mí"; he armado un combo con las amigas de mi mamá para que vayan todos los jueves a la casa a trapear y bailar, les he enseñado una coreografía, e incluso ya algunas dejan el piso limpio y oloroso, y hasta, debo aceptarlo, me he servido para conocer que Kalley hace electrodomésticos.

Los comerciales en los que se canta y baila me han cambiado la vida, y por eso me encantan. Ahora sé que Fabuloso no solo hace feliz a mi nariz, sino también a la de los publicistas; que con Kalley todo funciona mejor y que Ricostilla sí es costilla de verdad.

Incluso he llegado a recordar bajo el efecto de Fabuloso, la Gallina Azul de Maggi y su baile de Este a Oeste; a Top para la ropa y Top para lavar e incluso he alucinado con Susana Caldas, bailando, mientras esparcía La Fina, la margarina, la preferida en la mesa y la cocina…

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