Era parte de una nueva era en la que muchos aprendieron a leer o, mejor, a inventar lo que se lee en el tarot, porque para ver el futuro de alguien en un mazo de cartas con muñequitos de aspecto satánico se necesita ser un mantra.

Los bioenergéticos son como la energía: ni se crean ni se destruyen, solo se transforman. Hace diez años, la persona que no se había hecho la carta astral era mirada con un pesar esotérico pero después de unos años la gente pudo comprobar que esas predicciones no servían para un carajo.

Luego vinieron los ángeles y qué cosa tan jodida con esos dibujos de seres alados con mirada de gay recién atendido. Unos eran pintados y otros de yeso, con huequito atrás para colgar en la pared al lado de las miniiglesias de la abuela. Sin embargo, los asexuados personajes tampoco dieron con el chiste. Y como si se tratara del lanzamiento de un nuevo producto de una multinacional, e inspirados por la noventera cultura del reciclaje, a los bioenergéticos les dio por reencauchar almas. Entonces, ahora uno debía hacerse presente en una regresión para saber quién era en el pasado y con cuál alma le tocaba juntarse en el futuro. Me pregunto con el ojo aguado: ¿cuántas parejas felices habrá desarmado ese arrume de mentirosos?

Para estimular de nuevo a ese mercado insatisfecho, a todas las técnicas bioenergéticas se les adicionó el sufijo "terapia": frutoterapia, aromaterapia, cromoterapia, dactiloterapia y ahora solo nos falta la ajiacoterapia y bandejapaisaterapia. De la orinoterapia ni hablar porque ya existe. Me han contado de casos aislados en los que un timador de esos ha recibido a sus pacientes en el consultorio con un teterado de meados.

Los bioenergéticos se aprenden dos o tres líneas de alguna religión asiática y la mezclan con cuarzos y péndulos. Todo es un tumbe (¿aprobado Ecosalud?). Un sancocho de teorías que ni el líder de este gendarme podría explicar: ¿Tai Chi? ¿Reiki? ¿Chi Huan?¿Ying Yang? ¿Feng Shui? ¿Toy Wan? ¿Sushi Town? Es que uno ya ni sabe a dónde pedir un domicilio.

Algunos, venden el cuento de los chakras. Según ellos son centros de energía corporal, como un CADE humano donde toca pagarle al Codensa espiritual para que el supremo no vaya a suspender el servicio.

Porque desde hace como quince años todo lo que para uno no tenga una explicación sensata, descaradamente se le achaca a la bioenergía. Me pararon en un retén mientras manejaba borracho. Eso debe ser la mala energía del policía de tránsito que mezclada con la buena energía del guaro, se polariza e inmoviliza el carro.

Y uno no puede pretender que con una consulta que vale como cien mil pesos le vayan a ayudar en la vida con esta pseudociencia. Es más, creo que al único ser humano al que verdaderamente se le ha aplicado la bioenergía fue a ".Steve Austin, astronauta, su vida está en peligro, lo reconstruiremos.", a quien le cambiaron un brazo, las dos piernas y un ojo biónico que le quedo sonando: tu-tu-tu-tu.tu-tu-tu-tu. y, con ojo defectuoso y todo, ese gallo le salió a la NASA como en seis millones de dólares.

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