Dos o tres horas después salen con lágrimas en los ojos de la risa, desparpajados, uno apoyado sobre el otro, henchidos de comer: "Erradicar la polio, vamos a erradicar la po-po-polio". La risotada no permite terminar la frase, más lágrimas. "Oiga pues, y también, también vamos a fomentar la amistad mun-mun-mundial". Ahora la risa se vuelve un ahogo, tos. Es pavoroso, una organización que tiene por objeto fomentar el amor y la amistad mundial reuniéndose en secreto se las trae con algo grande: quien gasta dinero y aboga por causas obvias esconde oscuras intenciones. Claro que es posible que me equivoque y no haya conspiración mundial. Cuando Pedro Picapiedra se reunía con sus hermanos de la Logia de los Búfalos Mojados la idea era simplemente coagular las arterias con chuletas y beber, pudiendo regresar a la casa como un santo: "Sí, mi amor, hoy luchamos un poco más contra la polio, ya casi la erradicamos". Amanecer con guayabo y sin cantaleta, es más, con un hálito de santidad y desayunando en la cama, no es cosa despreciable. Por eso solo hasta 1989 admitieron mujeres en la organización, pero creo que a esas sí las mandaron a Etiopía a erradicar la polio.

Pero uno nunca sabe, la organización de estos morlocks es grande: algo así como 31.000 'distritos' en el mundo, menos en algunos países comunistas orientales que no necesitan rotarios porque tienen restaurantes en todas partes que juegan el mismo papel de hacer cosas sucias a escondidas. Probablemente una reunión de rotarios se asemeja a la orgía de máscaras del final de Ojos bien cerrados de Kubrick, en el cual Tom Cruise se ve atrapado en un mitin de lo más secreto y concupiscente, con mujeres sodomizadas y toda la vaina. Pero quién puede decirlo a ciencia cierta. Lo que sí se sabe es que nuestros hermanos rotarios adoran símbolos, como todo buen logio: su emblema es una rueda de tren y suelen llevarla en la solapa, cosida en la camisa, en los pantalones, en las mancuernas, en el culo de ser posible. Entre todos los objetos estúpidos a los que uno le pudiera rendir culto, este se lleva el premio mayor. ¿Por qué no adorar otras partes del tren? Yo no vería tanto problema en rezarle a una locomotora o incluso a un vagón, pero ante la rueda pura y simple, debo decir que me declaro agnóstico. Los masones al menos tienen su compás y los leones su fiera enana. El padrenuestro del rotario, que es básicamente un test de cuatro preguntas a manera de Icfes, lo tienen grabado en mármol en sus grandes centros de reunión. Reza más o menos así, como para calmar la curiosidad: Acerca de cualquier cosa, siempre pregúntate: (a) ¿Es verdad? (b) ¿Fomenta la amistad entre la gente? (c) ¿Fomenta el amor entre la gente? (d) ¿Beneficia a todos? Espero que no sea de escogencia múltiple. Se le ocurrió a un pobre ejecutivo de Chicago por allá en 1910 que estaba en bancarrota porque no podía vender unas galletas (juro que esto no me lo estoy inventando) y al parecer el dios del marketing, llámese como se llame, se le apareció y le dictó el test. El tipo conformó algo así como un grupo de scouts para grandes (en cierta medida un rotario es un scout grande y un scout es un rotario chiquito), comenzó a reunirse con otros yuppies y al cabo de un año los había esquilmado al punto que no solo no estaba en bancarrota sino que tenía amasada una fortuna. Era apenas obvio que el test se volviera la piedra angular de un misticismo, el insufrible misticismo del dinero.

Tenemos en Colombia el honor de contar con un gran distrito de estos aventureritos altruistas en Barranquilla. El himno del rotario barranquillero también está en esa extensa tradición logia del cántico imbécil. Precauciones: debe ser recitado con los ojos cerrados, con una mano arrancándose el corazón encima de un traje perrata, de cara a un rin pintado en una bandera:

Como el sol que la espiga madura
con sus rayos de eterna igualdad
nuestro Rotary es sol que procura
encender con fervor la amistad.
Con el paso eternal de los siglos
se convierte en diamante el carbón
nuestros fines son canto a la vida
que transforman el odio en amor.
¡Vibre recia la voz del Rotario!

¡Por favor!, tiene más convocatoria un villancico, como el de "pastorcitos del valle venid...". Y en cuanto al recio grito de batalla del rotario, es indiscutible que mueve fibras internas muy íntimas, lo pone a uno arrozudo.
Creo que en un capítulo de Los expedientes secretos X Mulder y Scully terminan persiguiendo a un rotario, lo reconocen porque lo sorprenden rezándole a la llanta de repuesto del carro de Mulder. Ignoro si Scully tuvo un hijo con él. En todo caso, como siempre, al final, en medio de esa musiquita misteriosa, en el aire queda la pregunta: ¿eso era humano?

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