Raimundo Angulo jamás pasará inadvertido, pues tiene figura de cachaco venido a menos, suele disfrazarse con los tuxedos (que no los esmóquines) que caracterizaban a Rafael Leonidas Trujillo —el dictador de República Dominicana— y cuando uno lo ve no sabe si está frente a un mesero de Girardot o al trompetista de la Orquesta de Lucho Bermúdez. O tal vez como en los exámenes de selección múltiple: todos los anteriores.

Sus querientes lo llaman Ray, y los amigos de sus padres, Leonardo Angulo y Teresa Pizarro, le decían el hijo de Popó, como cariñosamente apodaban a don Leonardo en el Club Cartagena en donde Ray pasó los mejores años de su infancia junto a su mamá. Sus compañeritos del club, ninguno con tan esplendoroso apodo, lo recuerdan como a un niño descortés y mandamás.

Dicen que fue alcalde de Cartagena y diplomático, pero no es conocido por eso, en cambio los colombianos lo tienen registrado por sus actitudes de cura tonsurado que se escandaliza porque sus reinas hayan modelado panties, como dice la presidenta del Congreso, Dilian Francisca.

Algunos sostienen que es gente bien, pero resulta arduo creer que lo sea, ya que uno jamás se imaginaría a la gente bien, como a Olguita Samper de Zubiría o a Clemencia Izquierdo, vestidas impecablemente de blanco persiguiendo, bajo 40 grados a la sombra, a unas niñas de provincia, que presuntuosamente llaman 'misses', para medirles el busto, la cola y escrutinarles sus implantes, estrías y tamaño de las copas del bra, como le dicen en el reinado de Cartagena al sostén.

Reglas de etiqueta, buenas maneras, estilo. En esto es en lo que más insiste el hijo de Popó. Tanto que en tres semanas pretende que miss Tolima, miss Arauca, miss Vichada y miss Antioquia aprendan etiqueta cartagenera, la misma con la que él fue criado. Para semejante labor cuenta con la ayuda de un sequito de peluqueros, quienes también en tres semanas se ganan un título: el de estilistas.

A pesar de que Ray se pasa los meses enteros escribiendo manuales de buena conducta, cosa que caracteriza a los que no tienen mayores cosas que hacer, Angulo no ha podido educar a sus reinas.

Con todo, bajo la égida de Ray, (o mejor, del Rey), las misses tienen que aprender rápidamente a agarrar los cubiertos para comer, a peinarse el pelo, a ponerse el vestido y a pintarse la cara. Sin embargo, gracias a los asesores las misses terminan aprendiendo a tomar los utensilios para nutrirse, arreglarse el cabello, ponerse el traje y maquillarse el rostro.

Y eso que Raimundo es gente bien, de la que va al dentista, tiene chofer y cuyas mamás usan cartera. ¿Entonces por qué carajos sus pupilas terminan visitando al odontólogo, llevadas por el conductor y sus mamis cargan el bolso?

Otra obsesión de Ray es asegurarle al país que los mafiosos que financian las tetas y culos de sus misses no se han tomado el reinado que con tanto esfuerzo y dedicación se inventó doña Tera. Eso sí, todo por un simple gesto de solidaridad con el país porque él, como las prostitutas, en ese negocio no se gana ni un pesito.

El hijo de Popó es tan, pero tan dedicado a la buena obra del reinado, que sostiene sin avergonzarse que a él no le importa si las reinas colombianas ganan o no Miss Universo,

"siempre y cuando las reinas estén dedicadas a los ancianos y a los niños". Qué conmovedor suena todo esto, pero la realidad es que Ray no capa ni un solo viaje para acompañar a su miss Colombia y sabe muy bien cómo vender por sumas millonarias los derechos de su magna obra, obra que muchos aplauden dizque porque la mayoría de las ganancias van para obras de beneficencia.

A Ray, el mojigato que hace unos años decidió que las reinas ya no desfilarían en vestido de baño frente a la prensa, dizque porque se prestaba a chismes mal intencionados, lo definiría más como un negociante célebre a quien la jactancia y el lucro no le permiten aceptar que la naturaleza del concurso Miss Colombia, sus participantes y sus admiradores están hechos a la medida del señor Alfredo Barraza. ¡Ese sí que tiene todo el perfil para presidir tan magno evento!

Por ahora y mientras Miss Colombia esté organizado con lobería encubierta de etiqueta calentana y siga minuciosamente custodiado por la actitud presunciosa de un señor bien de tierra caliente, no nos queda más remedio que pedirle a Dios que quien suceda a Raimundo Angulo en el reinado no nos vaya a resultar tan, pero tan bien, que se parezca al mismísimo y nunca bien ponderado hijo de Popó.

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