Mucha gente cree que somos graciosos todo el tiempo. Mucha gente cree que somos simpáticos y divertidos a toda hora. Lejos están de la verdad.
Ser un comediante, actor cómico y humorista profesional nos da un aspecto y una apariencia que es engañosa. Y si encima integramos un grupo como Les Luthiers, el asunto es peor. Todos creen que vivimos pegados al personaje el día entero. Y esperan un chascarrillo, una respuesta ingeniosa o directamente que contemos un chiste como si la vida nos pasara por encima sin dejar rastros. Como si no tuviéramos reunión de padres en el colegio de nuestros hijos, o pago de impuestos cada año, dictaduras y atropellos de todo tipo o una buena gripe de vez en cuando. Para no hablar de hepatitis, brazos fracturados, un infarto machazo, una mujer que nos deja. muchas mujeres que nos dejan.
La realidad es distinta y aunque nos encanta ser ocurrentes y responder de vez en cuando con una frase ingeniosa y divertida, no siempre nos sale. Y a veces directamente nos metemos en situaciones difíciles, tratando de ser graciosos y sin tener respuesta.
La verdadera angustia, de todas maneras, nos sucede cuando nos sentamos a escribir, a pensar escenas y canciones para nuestro trabajo. Casi siempre nos cuesta mucho encontrar el tema y que produzca hilaridad. Y cada año, buscar las situaciones y desarrollarlas es un desafío enorme. Y nos llena de angustia la inminencia de cada estreno. Es habitual que nos enfermemos a causa de los nervios y el miedo que nos provocan.
Hace años que tengo una libretita en la que imagino que voy a apuntar ideas geniales, momentos inolvidables y proyectos para canciones de Les Luthiers o para cuentos. Es la misma de siempre y no está llena todavía. Le queda mucho espacio. Está prácticamente vacía.
Mi tarea en el grupo consiste en actuar, tocar y cantar. Y mi aporte creativo está directamente montado sobre las obras que componen mis compañeros. Me dedico en los ensayos a improvisar, a inventar chistes y en cuanto empezamos a rodar las canciones con el público, trato de ser gracioso. Muchas veces lo logro y otras fracaso. En el último caso, a veces intento hacer el mismo chiste diciéndolo de otra manera o con otros gestos. Y si tampoco se salva, va al cesto de la basura. No me hace ninguna gracia cuando esto sucede, pero se compensa con creces con las improvisaciones que causan risa de inmediato. Me provocan un enorme placer. Y me ponen a la altura de mis compañeros en el aspecto creativo.
Desde pequeño me gustó actuar y cantar y no tuve problemas de timidez, de manera que en cuanta ocasión podía, ocupaba un lugar frente a la audiencia. Primero la familia y los amigos y de a poco pequeños café concert y teatritos fueron testigos de tamaña desfachatez. Eso sí, humorista empecé a serlo cuando me junté con mis compañeros de grupo. Y sobre todo por la influencia de ellos, con quienes tenemos una empresa dedicada totalmente al humor.
Mi formación universitaria en la Facultad de Derecho y cierta conciencia social me hicieron ser una persona seria desde joven. Creo que por eso escribo cuentos en solitario, pero serios, como yo. He publicado dos libros ya: Cuentos en serio y El silencio del final y estoy escribiendo más cuentos para un tercer volumen. Y, como todo escritor que se precie, estoy escribiendo una novela genial. Me falta un poco para terminarla. En realidad debo empezarla primero.
Por lo tanto disfruto doblemente de mi actuación con Les Luthiers, porque me olvido de las dificultades de la vida y me dedico a divertirme y divertir al público. Es una forma de terapia, en la que nos servimos mutuamente actores y espectadores para aliviar la dureza de la vida cotidiana y pasar un par de horas de risa. Claro que me parece muy importante que lo hagamos pensando, imaginando situaciones, hablando de temas de la realidad de la vida y dando nuestra opinión. Pero siempre con humor, con una mirada inteligente y divertida. Con una gracia que pueden compartir grandes y chicos.
Es muy difícil evaluar cuántos chistes aporto a cada espectáculo de Les Luthiers y por supuesto que varían de acuerdo a cada canción, a cada escena y a cada espectáculo. Me gusta mucho improvisar sobre esquemas sólidos y jugar con el lenguaje. Inventar palabras y hacerme un nudo con ciertas frases es una suerte de especialidad a la que le dedico mucha energía. Cada día pienso situaciones, juegos, chistes o improvisaciones y cuando llego al teatro lo hago con la ilusión de probarlas en público. Si necesito la complicidad de alguno de mis compañeros, o si es en una escena compartida, les aviso. Y a veces lo hago de sorpresa, o directamente me surgen en el momento de la función. Es una gran alegría cuando funcionan bien y provocan risa y no me gusta nada cuando fracasan. Por suerte el porcentaje es favorable.
Y no hay nada comparable a cuando algún espectador nos dice lo bien que lo pasó, o cómo lo ayudamos a recuperar el humor. Ese comentario nos impulsa a seguir creando y actuando.
Creo que cuando alguna persona nos dice que "se murió de risa", la realidad es que "se vivió de risa". Y sobre todo para nosotros, felices de trabajar divirtiéndonos, de ser graciosos y elegidos y de que además nos paguen por ello. bastante bien, por cierto.

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