Fácil resulta suponer que el milagro de que este famoso ciego recuperara la vista después de casi cuarenta años de bruma total y de que la ciencia médica había descartado esa posibilidad, solo se deberá a su paisano, el Milagroso de Buga. Sí, sería una forma de compensar, pues el mismo Cristo al que tantas rogativas le dedicó, lo dejó abandonado a su suerte durante su caótica administración como alcalde.

La resurrección visual de 'Polo' le traería a su memoria la imagen dolorosa del sábado 14 de octubre de 1962, cuando su compañerito Horacio, por azar e imprudencia, le propinó el disparo de fusil que le atravesó su cabeza, pero que no alcanzó a matarlo sino a apagarle los ojos, a muy tierna edad. Sería como volver a empezar, retrocediendo toda una vida, la cual vivió en las tinieblas, reconociendo las cosas por su forma, a las personas por sus perfumes, olores o voces; eso sí, sin que nada le fuera desconocido.

Si otra vez Apolinar gozara del placer de verlo todo, lo primero que tendría que hacer, después de reconocer a Luis Javier, Rosalía, Esther Julia, Almirivan y Edna Myriam, sus cinco hermanos, sería conocer a sus dos amores y a sus hijos. Nadie creería que este rehabilitado invidente, aun en la penumbra resultó ser un exitoso donjuán —o en lenguaje valluno, un gallinazo—, que faltando datos de otros municipios, ha caminado su accidentada existencia con dos grandes pasiones, su esposa, Ana Cecilia Tobar, y Sara Avendaño, su otra "costilla", con cada una de las cuales tuvo un hijo, Andrés y Alfonso.

Claro, entre las prioridades de 'Polo' estaría naturalmente la de conocer él mismo sus facciones de hombre adulto. Por vanidad o curiosidad, Apolinar pasaría muchas horas delante del espejo, comparando la imagen del niño que dejó ese fatídico sábado del accidente que lo encegueció, con la del adulto al que le salieron bigote, canas y arruguitas.

Una vez seguro de que el rescate de su visión no es pasajera, 'Polo' iría a la que fue su oficina de alcalde, a conocer el edificio, pero sobre todo a su equipo de Gobierno. Allí estarían también los concejales que tanto garrote le dieron, los medios que fueron implacables durante su gestión, sus numerosos enemigos y poquísimos amigos. Habría tiempo para todo, hasta para conocer a Kiko Lloreda, el candidato al que se enfrentó y derrotó hace tres años, pero también el que paradójicamente parece estar más cerca de sucederlo. Y el orgulloso cieguito tendría la certeza de que su pinta en nada se parece a la tosca y desagradable imagen del gobernador Angelino Garzón, el dirigente sindical con el que le tocó compartir responsabilidades en su periplo por la alcaldía.

Cuando Apolinar se ocupe de revisar su tarea de gobierno como alcalde de los caleños y por fin pueda ver todo lo que hizo, al menos por un instante querrá no haber recuperado su visión.

'Polo', que antes de su accidente no conoció la ciudad que gobernó, saldrá a conocerla y a recorrerla, a comer chontaduro y champús, a lustrarse los zapatos en la plaza de Caicedo, a hablar paja con las lenguas bravas del café Los Turcos, y a disfrutar de la deliciosa fiesta de las caleñas con su caminado insinuante, pero tendrá que hacerlo con un historiador, uno que sea capaz de informarle cómo era ese terruño antes del huracán de su alcaldía.

Mientras comprende qué fue lo que realmente pasó durante su administración, 'Polo' tendrá que conformarse con ver por fin los huecos en las calles de los que le hablaban sus críticos mientras fue alcalde. Comprobará, igualmente, que el desgreño administrativo y los casos de corrupción que lo tumbaron a él y, sobre todo, a la ciudad, no son inventos de esa oposición de la que se defendió calificándola de clasista.

'Polo' dirá que ahora que la divina providencia le devolvió los ojos, también tiene derecho a una segunda oportunidad, para enmendar todo lo que hizo mal y hacer bien lo que dejó de hacer, porque, como él mismo lo decía, "no hay peor ciego que el que no quiere ver".

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.