Si es de día:

Mire el sol y ubique los cuatro puntos cardinales para saber a dónde debe ir. Recuerde que este sale por el oriente y se pone al occidente.

Busque un río o quebrada y sígala en la misma dirección de la corriente; eventualmente llegará a un claro o encontrará la desembocadura a un lago, lugares donde generalmente hay caceríos de indígenas que estarán dispuestos a ayudarlo.

Si es de noche:

Ni siquiera intente caminar. La selva es un lugar demasiado oscuro por la tupidez de los árboles y, por ende, peligroso.

Arme un cambuche como pueda. A mayor altura, mucho mejor. Si puede hacer fuego ahuyentará a los animales peligrosos, aunque atraerá más a los mosquitos y otros insectos molestos.

En ambos casos:

Mire muy bien dónde pisa y de dónde se agarra. Hay muchos animales mimetizados —como las serpientes— que al menor contacto no dudarán en atacar.

Si tiene mucha hambre no coma nada que no conozca; podría ser venenoso. En ese caso observe qué frutos comen los micos y los pájaros y aliméntese de lo mismo.

No entre en pánico por los ruidos de la selva. Muchos animales e insectos son escandalosos, pero no pasa de ser solo eso: un ruido molesto.

Nota: Nunca se interne sin un guía. En caso contrario, haga marcas con ramas a medida que avanza. Ni la lluvia las borrará. Lleve siempre un machete o un cuchillo. Son clave para armar chozas improvisadas e incluso para hacer lanzas que le permitan cazar.

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