1. Con suavidad intente despegar la lengua para no arrancar la mucosa de un solo tajo.

2. Si no logra soltarse, mire de reojo en busca de una fuente de agua cercana. Sin mover la cabeza, intente alcanzar agua, ojalá tibia para que no se vaya a congelar también y aumente así el problema. Aplíquela en la superficie que une la lengua con el tubo para que se rompa la unión congelada, produciendo la liberación entre las dos superficies jalando suavemente.

3. Si lo anterior no es posible, trate de pedir auxilio para que alguien consiga un poco de agua tibia y se la eche en la lengua. La inmovilidad de la lengua hará que sus palabras suenen más parecido al balbuceo de un bebé que a unos gritos de socorro. Si está casado, es el momento de alegrarse, pues con la argolla podrá golpear el tubo y generar un mayor ruido para alertar a alguien.

4. Si nadie llega, siga con la cabeza lo más pegada al tubo que pueda, teniendo el cuidado de no pegar más área de la lengua a él, busque un pañuelo, una tela, unos guantes o cúbrase las manos con las mangas y frote el tubo cerca de su lengua para calentarlo y lograr así derretir el hielo o, si el elemento que produce la congelaciones es eléctrico, desconéctelo cuanto antes.

5. Jale suavemente de nuevo. Puede ser que sufra una "quemadura" por hielo en su lengua, pero será leve y podrá curarse fácilmente.

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