1.Si nota que tiene que chupar muy duro para respirar, mire de inmediato el manómetro que mide el nivel del aire.

2. Si ve que está en cero, mantenga la calma, pues el aire no se le habrá terminado aún. No se le ocurra salir pitado hacia arriba buscando la superficie, porque en la medida en que suba habrá menos presión y el aire que haya en su cuerpo se puede expandir al punto de generarle una aeroembolia, es decir, formarle burbujas en las arterias que obstaculicen la circulación y lo puedan dejar ciego, paralítico o muerto. Recuerde que cuanto más abajo esté, más presión hay y le cabe más aire en los pulmones.

3. Si tiene un tanque de emergencia pegado al tanque regular (Pony) o uno de emergencia pequeño en el chaleco con boquilla incluida (spare air), es el momento de usarlo. Si no, hágale la señal a su compañero de que se quedó sin aire (con el dedo índice páselo por la garganta como cortándose el cuello) y luego haga la señal para pedir aire (lleve la mano a la boca como si pidiera de comer). Esto para que el otro le suministre aire con el regulador de repuesto de su octopus o para que compartan aire del mismo regulador.

4. Si no encuentra a nadie, tome la última cantidad de aire, respirando lo más profundo que pueda, quítese el regulador de la boca y empiece a subir lentamente (a unos cinco metros por minuto) mientras va botando burbujas para ir liberando el aire y evitar así una aeroembolia. Si afloja la garganta y deja que el aire que tiene en exceso vaya saliendo poco a poco, podrá llegar a la superficie así se haya quedado sin aire a una profundidad de 110 pies. Yo hice en Gorgona la prueba a esa profundidad y sobreviví. Recuerde que a 60 pies le cabe en sus pulmones tres veces el aire que le cabe en la superficie.

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