Normalmente, el límite aceptable durante el día para el ser humano es de 65 decibeles, y por la noche 55 decibeles. Como máximo, el oído tolera que los sonidos lleguen a los 90 decibeles (una conversación entre dos personas, por ejemplo, usualmente no supera los 30). Pero frecuentemente el ruido supera los 120 decibeles, lesionando el oído progresivamente hasta causar la sordera definitiva. El umbral de dolor está alrededor de los 140 decibeles e incluso un sonido repentino de 160 decibeles puede llegar a reventar el tímpano inmediatamente (un oído tarda mínimo 36 horas para desinflamarse y recuperar su capacidad auditiva después de una noche de continua música en una discoteca, aunque a veces puede tardar hasta diez días en hacerlo). Las enfermedades del oído pueden causar trastornos psicológicos, estrés, dificultad para dormir bien e incluso pérdida del equilibrio. El desgaste de células receptoras de sonido (ciliadas) es la causa más común de sordera, junto con el estallido del tímpano, la hiperacusia y la presbiacusia (o desgastamiento del oído y sus huesos), y puede ser causado por factores hereditarios, por el envejecimiento o por el mismo abuso del ruido.

Para comprobar a qué niveles de ruido están expuestos los habitantes de una ciudad como Bogotá, SoHo le pidió a la Alcaldía Local de Chapinero que nos permitiera medir el nivel de ruido con el respaldo de Camilo Kecán, experto en el manejo del sonómetro, un aparato que mide el pico (sonido más alto) y el valle (sonido más bajo), el ruido en la zona donde está y el producido exactamente en el lugar a donde está apuntando. Es tan sensible que no se puede usar cuando llueve pues cada gota que cae produce un sonido diferente y distorsiona el ruido de todo el ambiente. Cuesta unos trece millones de pesos, se consigue solo en Estados Unidos, y cada calibrada vale alrededor de dos millones de pesos y tarda unos dos meses. Oído a esto, los resultados de la incursión.

Tropical Cocktails:
80,2 dB
Es uno de los sitios que los operativos visitan frecuentemente por problemas de sonorización. Ya les han propuesto varias veces encapsular el sitio con vidrios, y a la vez ubicar los parlantes mirando hacia adentro del local en vez de estar hacia la calle. El sitio va a ser sellado por un período de entre uno y siete días.

Nacht:
65 dB
El establecimiento no presentó ninguno de los papeles que se debe tener en un comercio, con la excusa de haberlos dejado en la oficina y por ser un sitio que recién había cambiado de dueño. No estaban al tanto del exceso de ruido que estaban provocando. Se selló el establecimiento en ese instante, por un periodo de tres días.

Casa de la Cerveza:
47,4 dB
A pesar de su imponente estructura, cuenta con una buena insonorización, aunque por el lado de la calle 93, las terrazas destapadas dejan escapar cierto ruido.

Salto del Ángel:
57,1 dB
Otro sitio muy grande al que le han invertido mucha plata en sonorización, y no deja escapar mucho. Aunque se pasó un par de decibeles, estaba cercano al rango permitido y no ameritaba amonestación.

Café Tostión:
67,2 dB
El sonido se asemejaba al que producen los monoplazas de las carreras de Juan pablo Montoya. Además, venden licor en el antejardín –prohibido por ser espacio público. Se le hizo una citación a la administradora para que presentara todos los papeles del establecimiento y asistiera a una charla educativa para evitar la contaminación auditiva.

Pravda:
54,2 dB
Aunque la terraza es destapada y los bafles apuntan hacia afuera del local, la música estaba en un buen volumen, además de ser un ritmo muy calmado, tipo lounge, chill-out.

Mink:
74,8 dB
El local está completamente abierto y algunos de sus bafles están dirigidos hacia la zona pública. Sin embargo, acataron el reclamo y le bajaron a la música a un nivel aceptable. De todas formas se les hizo una citación informativa en la Alcaldía, por ser la primera vez que el sonómetro marcaba por encima de lo debido.

Vértice de la Zona T:
95,4 dB
El ruido que se produce es la mezcla de muchos sonidos que vienen de los establecimientos, su música, sus cocinas y sus clientes. Además, por ser un espacio relativamente cerrado, las ondas rebotan entre uno y otro local, creando una dispersión y distorsión del sonido.


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