¿Conquistar a una mujer en un restaurante? Se puede, claro que se puede. No existe una fórmula infalible, pero sí unos cuantos pasos que han demostrado ser nada complicados y efectivos. Escoja un restaurante que esté lejos de los ambientes fríos, ruidosos. Que tenga magia, encanto, ángel, donde el entorno sea un factor cómplice y no delator. En el que se logre una cierta privacidad. Hay una medida para saber si el asunto funciona: si usted puede entenderse con ella apenas murmurando las cosas, ese es el sitio.
Funcionan muy bien aquellos que aprovechan la arquitectura de lo que antiguamente fueron casas de familia. De todas maneras un punto clave es el de la chimenea (el erotismo está asociado al calor), mantenida en su punto y cuidada con esmero durante toda la noche. Si quiere ligar, hágalo a punta de chimenea y quizás también de velas (solamente la llamita). No es recomendable una primera salida a almorzar. No tiene encanto. Vaya a cenar, por aquello de la calidez de la chimenea, la luz tenue, la música suave, el ambiente acogedor. Haga caso. Húyales a esos restaurantes impersonales, en serie, que parecen la copia de la copia de la copia.

Usted y ella, hasta donde las matemáticas lo permiten, son dos. Que así sea la mesa: mesa para dos, no para tres ni con dos puestos vacantes. Bueno, ¿y qué cenamos?

Pida un vino, pero no se mortifique pensando en 'descrestar' con la marca o el precio. Por lo general uno queda mejor eligiendo una buena cepa que no necesariamente es la más cara. Le recomiendo un vino mendocino producto del matrimonio entre dos cepas, tempranillo y malbec. ¿Sabe cuánto vale la botella? Menos del equivalente a diez dólares. Tome a su propio ritmo. Desconfíe de los restaurantes donde el mesero parece estar siempre dispuesto a llenarle la copa.

Vamos a las entradas, que, en una primera cita tienen especial encanto si vienen del mar. Pruebe unos mejillones verdes a la marinera o una sopa de alcachofas y ostras. ¿Y si a ella los mariscos no le van? Todo, preparado con gusto y en su justa medida, está bien. Recuerde que una simple morcilla argentina (que puede sonar no muy romántica) es una experiencia gastronómica única.
De las entradas al plato principal, cuyo único requisito es que venga de una cocina donde se trabaja con esmero, ojalá de aquellas en las que prima lo natural, con pastas y salsas hechas en el restaurante y donde están prohibidos los antipáticos enlatados. Recomendaciones: tallarines negros con mariscos o tortellini rellenos de jaiba. Ellas no se resisten a las pastas. Está comprobado..

Nunca, pero nunca piense en restaurantes de comida rápida. Prefiera los de comida lenta, donde un plato se va dando tras otro a la velocidad de la charla y del vino, en los que el mesero mima pero no estorba. Lo que viene después no será ya tanto una cuestión del destino. Usted ha hecho lo suyo y el restaurante elegido le ha ganado un terreno valioso para una noche a la que le restan muchas, pero muchas horas para recibir la justa recompensa por haber hecho las cosas bien. Disfrute su postre?

Visíteme en La Loma, calle 81 # 9-86.
Tel.: 616 33 09
maleo@007mundo.com

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