Si además de aceptables cocineros queremos ser prácticos, podemos hacer albóndigas y hamburguesas a partir de una única preparación. La diferencia estará en la forma y en el tipo de cocción.
Como siempre, de las 2 cebollas cabezonas que nos hicimos, picamos una y la casi doramos en 1 cucharada de mantequilla y/o aceite de oliva. Las agregamos a 600 gramos de carne molida, mitad res, mitad cerdo. Desmenuzamos 2 rebanadas de pan tajado, las remojamos con un poquito de leche que exprimimos antes de agregarlas a la carne. Adicionamos 1 huevo y 1 cucharada de perejil picado. Si queremos sofisticar la receta, esta mezcla acepta un pocillo de apio, picado superfinito, una vez quitados sus 'hilos' superficiales. Toca condimentar: sal, pimienta, nuez moscada, y si gusta, jengibre. Debemos mezclar todo muy bien. Y, oh milagro, esto fue todo.
La cantidad que hemos preparado alcanzará como para que dos personas comprueben que lo dicho es cierto: 6 hamburguesas de unos 8 cm de diámetro por 2 cm de espesor y el resto, albóndigas de 4 cm de diámetro. A las hamburguesas es muy fácil darles la forma, con habilidad manual. Si no la tenemos, también es fácil recomenzar. Una vez formadas, las asamos en la plancha o la sartén de hierro. En seco o apenas untada de aceite la plancha, en 3 ó 4 minutos por lado, las hamburguesas quedarán jugosas. Si se quiere agregarles queso, etc., toca hornearlas y un minuto después de volteadas, encimarles lo que se desee. Si hay parrilla, asadas a las brasas quedan espectaculares.
Para formar las albóndigas: en un pocillo chocolatero ponemos 1/2 cucharada de harina. Encima echamos una cucharadita colmada de nuestra única preparación. Con la otra mano tapamos el pocillo y le imprimimos violentos movimientos en círculo, tanto horizontales como verticales, tipo batidora. En pocos segundos quedará formada la albóndiga. Si fuera necesario, se puede terminar 'a mano', haciendo girar la albóndiga entre las dos palmas enharinadas para lograr una esfera más perfecta. Así, una por una, las iremos apoyando sobre una superficie lisa y enharinada. También iremos reponiendo la harina del pocillo.
Quedan muy ricas si se las cocina, colocándolas con sumo cuidado en salsa de tomates, más bien clara de consistencia, de forma que esta casi las cubra. A fuego bajo, cuidando que no se peguen al fondo, durante 20 minutos. Si la salsa es la que hicimos según la receta publicada en esta columna en el número 51, el resultado será sensacional (modestia aparte). Se pueden acompañar con arroz o papas a la francesa y una buena compañía, para lo cual no existe receta.
Otra forma de cocinarlas: la cebolla que nos quedó, la pelamos y la cortamos en anillos, tajadas de 1/2 cm transversales al eje. Cada tajada está formada por buena cantidad de anillos. En una sartén grandecita 1 cucharada de mantequilla servirá para saltear los anillos, que iremos dándoles vueltas durante 15 minutos. Darles muchas vueltas, para que no se quemen, con cariño para que no se rompan. Agregamos 2 dientes de ajo picados y salteamos por 3 ó 4 minutos más. Sal, pimienta. Agregamos 1/2 litro de agua y un cubito de caldo. Hervimos 10 minutos, revolviendo a medida que espese. Colocamos las albóndigas, que daremos vuelta, al cabo de 8 minutos. Después de otro tiempo similar, estarán listas. Servir, lógicamente, con los aros de cebolla, su salsita y arroz blanco.
Presumo que nunca habían comido albóndigas de textura similar. El pan remojado en leche es el secreto. No lo comenten. Que tengan que comprar SoHo para enterarse. ¿O no?

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