¡Con que el Congreso aprobó la posibilidad de la reelección inmediata! Que apruebe entonces también la posibilidad del desafuero, de revocarle el mandato al que no sirve. Si en contravención a lo establecido durante 184 años que llevamos de historia independiente de que el presidente no se puede reelegir para el siguiente período al suyo a fin de evitar que se nos convierta en un dictador o un tirano, el actual Congreso aprueba la posibilidad de la reelección inmediata de Uribe promovida impúdicamente por él y para beneficiarse él y no en beneficio de su sucesor, quedando reformado así ese principio básico de nuestra democracia que nos protegía del zarpazo de cualquier Chávez, el mismo Congreso que aprueba la reelección está ahora en la obligación moral de aprobar la contrapartida: que podamos limitarle a Uribe la continuidad en la presidencia a mitad de su mandato, por ineptitud o por indignidad. Es una afrenta al país y una inmoralidad que los miembros del Congreso (Cueva de Alí Babá para muchos) aprueben lo uno sin aprobar lo otro. Ya Uribe lleva dos años y lo está haciendo muy mal, se debe ir: por politiquero, por desvergonzado, por impúdico, por mentiroso, por demagogo, por blandengue, por inepto, porque no tiene los pantalones bien fajados. Porque Colombia se sigue deshaciendo en sus manos. Porque el desastre que le dejaron de herencia Gaviria, Samper y Pastrana ha ido en aumento con él. Porque el desempleo en Colombia es monstruoso. Porque la impunidad es monstruosa. Porque el campo sigue en ruinas. Porque la industria sigue en ruinas. Porque nos seguimos reproduciendo como animales y atropellando a los animales. Y porque nos hemos convertido en un país mantenido de menesterosos. Mantenido por los que vivimos afuera, los tres millones que nos fuimos porque en nuestra patria se nos cerraron todas las puertas: mantenido por nuestras remesas, de las que a lo mejor está él sacando para pagarse su sueldo y los del Honorable Congreso. ¡Cómo cambian los tiempos y cómo cambian las cosas, y cómo pueden las palabras pasar a significar lo contrario de lo que un día significaron! ¡Honorables estos! ¿Con cuántos puestos los están comprando? ¿Con cuántos, para que los honorables se los repartan entre sus paniaguados? ¿Con cuántas prebendas y beneficios? ¿Con cuántas partidas para que repartan en sus feudos? Pues él juega con casi todas las cartas, detentador como es de la mayoría de los puestos públicos y de los contratos. Yo puesto no tengo ni quiero, ni quiero contrato, ni los tengo para repartir, pero sí tengo una carta: mi palabra.
Entró en guerra contra la politiquería. ¿Y él qué es? ¿Qué si no un político? ¿Es acaso plomero, físico nuclear, cantante de ópera? No: político, o sea, avorazado ocupante de puestos públicos, que es como se ha entendido siempre esta actividad que tendría que ser noble y desprendida pero que es vil e interesada entre nosotros: la caza de las altas posiciones del Estado para el beneficio personal, para subir el don nadie y figurar, cuando no para robar. Y en prueba de que es político, o sea ocupante de puestos públicos, puestero, el hecho de que antes de hacerse nombrar presidente se había hecho nombrar alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia.
No bien lo nombraron presidente y antes de tomar posesión del cargo, salió de gira por Europa a mendigar, a extender la mano, a mostrar lo que era: un limosnero internacional. A organizar mesas de donantes para Colombia. Yo lo veía en los noticieros de televisión en México y se me caía la cara de la vergüenza. ¡Con que en eso terminó mi patria! Las limosnas en verdad han sido pocas: uno que otro avión viejo para combatir a las Farc. Lo que sí es mucho son los 4.460 millones de dólares que le hemos mandando este año que termina a Colombia los colombianos de la diáspora, nuestras remesas, según cifras del BID. Con los cuales ya superamos las entradas por café, por petróleo, por flores, por cocaína. Colombia en su tragedia ha entrado ya por la puerta grande de la desvergüenza al club de los países mantenidos: Cuba, El Salvador, Guatemala, México... Mantenidos por los que fueron obligados a irse. Colombia mantenida por los que nos tuvimos que ir porque allí todas las puertas (salvo las de la delincuencia y las de la política, que siempre han estado abiertas para el rufián que quiera entrar) se nos habían cerrado. Mantenida por mis paisanos de Queens, por ejemplo, a quienes he visto en el invierno de Nueva York, cuando a las cuatro de la tarde oscurece, izando en la oscuridad de sus destinos banderitas de Colombia y llorando por ella. ¿Y cuándo nos menciona Uribe en sus discursos? Este malagradecido, que le dice al Rey de España "Majestad" porque nos restauró un edificio en Cartagena (¿y para qué hicimos la independencia si no era para no tener que decirle "Majestad" a un zángano cobarde cazador de osos indefensos, pero muy bueno para fornicar con las mujeres del prójimo?), en sus discursos ni nos menciona. Que dizque la economía del país va muy bien. No va muy bien. Va muy mal. La industria está en ruinas y el campo está en ruinas y el desempleo es de dar terror. El dólar desde hace tiempos vale dos mil pesos, pero la estabilidad de la paridad no es obra suya, de ninguna política económica suya acertada. Es obra nuestra, de los de la diáspora, de nuestras remesas. Si no fuera por ellas, hoy en pesos colombianos un dólar valdría dos millones. Y dice el desvergonzado que es el hombre de la mano tendida, pero no: es el hombre de la mano extendida: para pedir. Nuestro primer mandatario es nuestro primer limosnero. ¿Será por eso que Colombia se identifica con él? ¿Porque en nuestro hundimiento total, al que nos han empujado él y los de su calaña, la llamada clase dirigente, nos hemos convertido en un país de mendigos? Uno se identifica con el que es como uno.
Dice que tiene corazón grande. Sufrirá de cardiomegalia tal vez, porque un corazón bondadoso no tiene. ¿O qué obra de caridad ha hecho? ¿Ha recogido un solo perro o niño abandonado, o le ha dado casita a un desplazado? Y que su mano tendida es también una mano firme. ¡Cuál mano firme! En dos años de gobierno no ha matado ni mil guerrilleros, y son veintidós mil. Le quedan faltando veintiún mil. A ese paso de quinientos bandoleros muertos por año, necesita cuarenta y dos años más de gobierno. Si descontamos dos que le faltan para concluir su primer período, lo vamos a tener que reelegir para otros cuarenta años, o sea por diez períodos constitucionales seguidos. En unos días quedará abierta la puerta de la reelección, váyanse preparando.
E invoca en sus discursos el nombre de Dios. "¡Que Dios los bendiga!" termina diciéndonos como si fuera cura o Pastranita. Pero Dios no le hace caso y nos manda tremendas inundaciones que dejan un cuarto de millón de damnificados. ¿Será que nuestro primer mandatario cree que también puede comprar a Dios con puestos públicos y contratos, como si fuera un miembro más de la Honorable Cueva? Dios es un asunto privado, del fuero íntimo de cada quien. Para los no creyentes tanto como para los creyentes, que un político invoque su nombre en sus discursos es un insulto: es la demagogia más descarada. Y con el nombre de Dios, la demagogia del cardiomegálico de mano firme y extendida alcanza el súmmum. Otras veces reparte pulseritas con los colores de la bandera de Colombia, o condecora al tirano de Venezuela con un poncho o un sombrero paisa que le chanta ante las cámaras de televisión en su cabeza zamba. Chávez le da ejemplo. Chávez con sus triquiñuelas leguleyas se hizo reelegir y hoy Venezuela, antaño un país próspero, está en ruinas. Mañana será una cárcel de rejas cerradas como Cuba.
La guerra contra las Farc la está perdiendo, Tirofijo está jugando con él. Que se desmovilicen los paramilitares, vaya, pues estos asesinos siempre han sido los suyos y arma en mano lo ayudaron a subir. ¿Pero el resto de los bandoleros? Cuando el Estado desapareció del campo, Colombia contrarrestaba a los unos con los otros: a los guerrilleros con los paramilitares, como cuando en tiempos de Gaviria la sociedad inerme contrarrestaba al cartel de Medellín con el cartel de Cali. ¿Y hoy con quién vamos a contrarrestar a Tirofijo? ¿Con el Ejército? ¿Con esta institución eficaz e impoluta? El Ejército de Colombia está más perdido que el hijo de Lindbergh. Ése es un cuerpo acéfalo en plena putrefacción. Y el que no puede con la guerra entró poniendo más impuestos dizque para ganarla. Como Pastranita. ¿Qué diferencia hay? ¿Que hoy los riquitos pueden ir a sus finquitas? Pero no se alejen mucho de Bogotá, uribitos, porque los agarra Tirofijo para sumárselos a Íngrid.
¡Y la impunidad! La casi totalidad de los delitos cometidos en Colombia sigue quedando impune. ¡Y el desempleo! Que se dé una vuelta por el centro de Medellín, su ciudad, la mía, para que vea. Que vaya al parque de Bolívar y al parque de Berrío para que vea si hay diferencia entre su gobierno y el de Pastrana. Y el crecimiento demográfico imparable, arrasando con todo, con las selvas, con el campo, con los ríos, con la naturaleza entera. Colombia empezó el siglo XX con dos millones y medio de habitantes y lo terminó con cuarenta y cuatro. ¿Cómo quieren que estemos? En Tamésis, Antioquia, el pueblo de mi papá, a los 16 años los muchachos ya son padres y las niñas son madres a los 14. ¿Y qué hacen él y su Iglesia cómplice para parar esta locura? Invocar a Dios. ¡Pendejos! Dios no sirve para un carajo. Ni existe. Y si existe no nos quiere ni ver. Como no sea para mandarnos más agua, ¡y nosotros con el agua al cuello! Y este problema del crecimiento irresponsable y desmedido de la población se podría solucionar con una simple pildora, la RU francesa, que detiene el embarazo tomada una vez que el flujo menstrual de la mujer no se presente y cuando el futuro Tirofijo o Uribe no llega ni al tamaño de la punta de un alfiler: el cigoto u óvulo fecundado a simple vista no se ve y carece del sistema nervioso de un simple gusano. ¿Eso es aborto? Llámenlo como quieran. Pero que no se le olvide a la Iglesia que en cada eyaculación se pierden 700 millones de espermatozoides que habrían podido ser otros tantos seres humanos. ¡Recójanlos en frasquitos para que no se pierdan porque esos pobres renacuajitos también son obra de Dios! ¿Y las vacas y los marranos acuchillados en los mataderos de Colombia qué? ¿No sabe el cardiomegálico qué está pasando ahí? ¿Su dolor no le duele? Pero eso sería pedirle peras al olmo tratándose de quien termina sus discursos con el "Que Dios los bendiga" de Pastranita. "Majestad", le decía al cobardón español en Cartagena con la aquiescencia de García Márquez, primer lambeculos de tiranos y granujas con poder que hoy tiene América. ¡Ay, Majestad! Hablá como un hombre, marica.
Uribe: politiquero, mal tipo, paradigma de tu clase mezquina y rapaz que en contubernio con la Iglesia nos ha hundido en el desastre social y moral que hoy somos, ignorante palurdo de demagogia montañera, desde México te mando mi desprecio.

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