A pesar de lo buenos que son, de que su música sea algo así como de cabaré futurista, por ahora solo nos importa el 50 por ciento de Goldfrapp, el dúo británico formado en 1999 por Allison Goldfrapp y Will Gregory, dueño de tres discos: Felt Mountain 2000, Black Cherry 2003 y Supernature 2006
La señorita Allison estudió Arte en la Universidad de Middlesex y desde esa época comanda, no demanda, la atención del Reino Unido, y ahora del mundo entero. Piel blanca perfecta, sin esos puntos rojizos o esa venitas reventadas que pueden asustar tanto. Cabellera rubia en cascada. Ojos de cortesana viciosa. Todo estaba dado para que la inglesa se convirtiera en mujer fatal, en la mujer que perfectamente podría cantar con esa voz ronca, tan potente que aplastaría en un concurso a cualquier Chavela-Helenita Vargas, la canción de la siguiente película de James Bond. O bueno, ser la mismísima chica Bond, dado el largo de sus piernas, el rojo de su boca de muñeca de porcelana, sus ojos subyugantes y la dulce vileza de su trasero.
La oscura y dramática diva Miss Goldfrapp podría matar y comer del muerto mientras canta en voz baja la primera estrofa de Twist, una de sus misteriosas canciones: Antes de que te vayas/ y dejes esta ciudad/ quisiera verte una vez más/ y poner tu sucia cara de ángel/ entre mis piernas. ¿Alguien no moriría por ella?

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