Cualquiera que se estrelle
con Carolina Márquez en alguna calle de la ciudad pensará dos cosas: 1. Qué hembra. 2. Debe ser sueca. La cosa se pondrá mejor si ella le contesta algo. Oirá su acento bogotano con esos dejos que le ha dejado vivir fuera del país. Pensará que la pinta no es de cachaca, pero ¿y ese acento? Si tiene suerte y del choque sale algo más. Tomarse un café, por ejemplo, quedará aún más sorprendido. Descubrirá que Carolina no solo es una rubia cuya belleza noquea, sino también una experta en Lenguas modernas, Historia y Crítica de cine. La conversación seguirá fluyendo y usted, preguntándose: ¿Dónde he oído esa voz? Una voz hipnótica que proviene de unos labios igualmente seductores. Lo mejor será descubrir que no fue por culpa de una trillada canción de esas que invitan a saltar en círculo cual quinceañera, sino gracias a aquella famosa melodía que silbaban los labios carnosos de una Daryl Hanna disfrazada de enfermera en Kill Bill. Carolina cantó en discotecas de Italia con varioss DJ. Así aprendió y allí tuvo la ocurrencia de solicitar la licencia para usar la música de The Killer's Song, la canción de Daryl y esa por la que usted seguía preguntándose dónde había oído esa voz. Una voz latina acompañada de ritmos europeos que con su éxito llegó hasta las mejores discotecas de Estados Unidos, Japón y hasta Turquía. Una voz que nos hace soñar con ese choque accidental que la arroje súbitamente en nuestros brazos. Solo un problema: vive en Europa y hace cinco años no viene a Colombia. Será pegarse el viajecito.

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