Si alguna vez se ha preguntado cómo eran las modelos que veían los padres de nuestros padres en revistas de hace 60 años con la misma inquietud con la que usted, amable lector, suele revisar cada una de nuestras páginas, Christina Aguilera es la respuesta que más a mano tenemos, al menos en este número. Porque si algo ha caracterizado a la cantante recientemente es una pinta que remite a épocas de pantalla en blanco y negro y sonido monofónico, un look retro que le ha servido, entre otras cosas, para desligarse del mundo frívolo de quienes habían sido consideradas sus competidoras naturales, a saber: Britney, Beyoncé y otras. Y, por fortuna, esa nueva-vieja pinta no va sola: se acompaña muy bien por una voz de la que pocos críticos podrían hablar mal, y por un repertorio en el que ahora hay cuerdas, piano y otros ornamentos propios de las grandes orquestas norteamericanas de la primera mitad del siglo pasado. Esa es la nueva Christina, la que presentó el trabajo Back to Basics el año pasado para demostrar que el pop y el jazz no tenían por qué reñir, y que decidió dar pruebas todavía más rotundas con su más reciente sencillo, Candyman. Hace poco fue anunciado el embarazo de la cantante, así que mientras se toma un justificado descanso quedan, por el momento, fotos como esta, que no hacen sino reiterar que con Christina Aguilera siempre habrá espacio para la sensualidad.

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