Nanaimo, en Canadá, es una apacible población costera de apenas ochenta mil habitantes, famosa por ser la cuna del Nanaimo bar, un postre muy apetecido en dicho país y por basar su economía en la pesca y en la producción de tecnología para Internet. Diana Krall pudo ser repostera, pescadora o ingeniera de sistemas, pero la música quiso que esos tres errores históricos nunca ocurrieran.

Pianista y cantante, comenzó a despuntar a los cuatro años (1968, para su información. No parece, cierto. Nieta de una cantante de jazz e hija de dos aficionados a ese género, su destino no podía ser diferente a continuar con la tradición familiar. Desde la publicación de su primer álbum en solitario, Sttepin'out (1993), la crítica supo que estaba al frente de alguien diferente y con mucho talento. Su carrera la ha llevado a vivir en metrópolis un poco más grandes que su natal Nanaimo —Toronto, Boston, Los Ángeles— y la tiene hoy como una ciudadana más de Nueva York.

Su cuarto de hora comercial llegó en 1999 con When I Look in Your Eyes, que estuvo 52 semanas en el No.1 de las listas de jazz de la revista Billboard y le reportó a Diana dos premios Grammy: mejor interpretación de jazz vocal y mejor ingeniería en un álbum no clásico. Más allá de ser o no un hit en ventas (que lo es), la gracia de la Krall pasa por su cálida voz y su habilidad para acariciar las teclas del piano, virtudes que superan cualquier registro de popularidad.

A sus 42 años la vida le sonríe. Su disco From This Moment On vio la calle hace menos de dos meses y junto al amor de su vida, el cantante inglés Declan Patrick MacManus, más conocido como Elvis Costello, espera mellizos. Diana Krall, para los que creían que la música canadiense terminaba en Celine Dion.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.