Ojalá todas las temidas institutrices alemanas tuvieran la apariencia de Diane, que nació siendo Diana Heidkrueger, hija de una empleada bancaria natural de Algermissen, Sajonia, cerca de la frontera de Alemania con República Checa. Dicen que bailaba como los ángeles —además de parecer uno de ellos—, y tan buena era que formó parte del Royal Ballet de Londres, pero una lesión crónica la hizo cambiar de rumbo hacia el modelaje, donde tampoco le fue mal. A los 19 años fue finalista del concurso de Elite Models y sobre su cuerpo de 1,73 centímetros lució diseños de Chanel, Dior y Armani. Luego tomó clases de actuación en París y Nueva York, se presentó para el elenco de El quinto elemento, pero el director, Luc Besson, la rechazó por no dominar el francés. Así, Diana se propuso aprender el idioma y de paso hacer un par de películas habladas en francés; lo hizo tan bien que la eligieron para que presentara la apertura y la clausura del Festival de Cine de Cannes. Su belleza y su carisma atrajeron a los productores de Hollywood que muy pronto empezaron a preguntar por ella. Muchas cosas ha hecho Diane por el cine. Para una de sus películas tuvo que aprender ruso, luego se tuvo que someter a un régimen alimenticio que le hizo subir siete kilos para lograr otro papel, y en una ocasión para estudiar bien a un personaje se internó durante tres semanas en una clínica mental. Nunca quiso hacer películas en los Estados Unidos, el cine europeo le parecía más interesante, pero las ofertas económicas eran atractivas y Diana pisó Hollywood como Helena de Troya al lado de Brad Pitt. Luego, en el 2004, su carrera tuvo un gran impulso al protagonizar junto a Nicolas Cage, National Treasure, también conocida como La leyenda del tesoro perdido. Ahora, de nuevo la veremos en el papel de Abigail Chase en la segunda parte de esta producción que se estrenará en nuestro país como La leyenda del tesoro perdido 2: El libro de los secretos.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.