Ella no es pariente del volante irlandés del Newcastle United, Damien Duff. Tampoco tiene acciones en la cervecería Duff, la preferida de Homero Simpson. Si usted no la reconoce es porque ella es más popular como uno de los íconos del pop para niños y adolescentes. En el ocaso de los 90 debutó en series como True Woman o The soul collector. Era tan solo una niña con mucho talento y un gran futuro. En el 2001 saltó a la fama y todos los ojos se posaron en ella cuando protagonizó la serie Lizzie McGuire de Disney Channel. Ella ya era el sueño de muchos adolescentes norteamericanos. Incursionó en el cine al lado de dos grandes como Patricia Arquette y Tim Robbins, en la película Human Nature. Como suele pasar con muchas estrellas de Hollywood, también descubrió que tenía futuro como cantante. En el 2003 lanzó el álbum Metamorphosis que alcanzó el top de las listas de Billboard. La niña que nació el 28 de septiembre de 1987 en Houston, ya no era tan niña. Pues bien, Hilary Duff ha cambiado. Próxima a cumplir veinte años, la hija del empresario Bob Duff se reunió con sus asesores de imagen y decidió dar un giro de 360 grados para el lanzamiento de su último álbum, Dignity. Ahora el target es distinto, de la adolescente que conquistó el mundo solo queda el recuerdo y ahora, como usted lo puede ver, Hilary le apunta a un mercado mucho más adulto. Creemos que no le quedará difícil conquistarlo. ¿Usted lo duda?

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