A veces se nos olvida que nuestro patrimonio musical va más allá de Shakira, Juanes y Carlos Vives. Son muchos los ejemplos de talentosos artistas con sangre colombiana que están figurando en el escenario internacional. ¿Sabía usted que Colombia se ha ganado el premio Billboard a los nuevos talentos latinoamericanos por dos años consecutivos? Este año —en mayo— el turno fue para Mónica Giraldo.

Rola a morir, arquitecta por error y artista por naturaleza. Estudió —becada— en la misma academia de música que Quincy Jones, John Mayer y Juan Luis Guerra: Berklee, en Boston. Allí, con sus bambucos, representó al carnaval de Barranquilla en el Folk Festival. Además, produjo música para grupos folclóricos de ballet. No es la típica niña de cara bonita producto de la buena suerte de un cazatalentos, es una profesional.

Ahora está en Colombia. Su objetivo no es la fama, pero parece que no va a poder escapar de ella. Y si algo pretende, es ser una artista ecléctica: mezclarlo todo con todo. Combina rock con balada, pop con boleros, bambuco con bosa nova, trip hop con acústica. Por eso interpretó, a su modo, Fina estampa, de la peruana Chabuca Granda, y Estrella, de Presuntos Implicados. Y además de haber trabajado en su última producción con el ex productor de Shakira, Felipe Álvarez, ha tocado con todo tipo de músicos, como el bajista Diego Valdés, el ex baterista de Aterciopelados, Urián Sarmiento y el experimentado guitarrista Mauricio Pantoja. A esto súmele letras cotidianas y humanas. Como si fuera poco, fíjese en su belleza. Sobre eso no tenemos que escribir ni una coma.

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