Esta mexicana se le mide
a todo; le gustan el automovilismo, los deportes de alto riesgo, y, sobre todo, el rejoneo. Pues sí, Mónica Serrano torea y mata toros de hasta 500 kilos, y no piense que como va a caballo es más fácil que estar a pie frente al toro. Es más complicado, porque ya no solo basta con ser valiente, aquí también toca ser un gran jinete, para hacer que el caballo sea el torero. Es cosa de hombres pensaría uno; es cosa mía, dice ella.
Siguiendo los pasos de su padre, don Ramón Serrano, Mónica aprendió a rejonear cuando era una adolescente, y hoy, a los 26 años, comienza a cosechar sus primeros éxitos en las plazas. Como buena mexicana, no usa el aburrido traje de campero que usan los rejoneadores españoles, sino que se viste de charro con el traje típico de Jalisco: una chaqueta corta bordada con oro y pantalones pegaditos bordados también, pero, claro, sin el sombrero de charro. Mónica es una amazona de verdad, verdad y como buena rejoneadora entrena sus propios caballos. En su cuadra tiene más de diez y cada uno tiene como especialidad un momento de la faena. Además, Mónica tiene un rancho en Querétaro, llamado Hierro de Tequisquiapán, donde tiene una ganadería de toros bravos. Buen partido.
Dice que le encanta venir a Colombia, y que considera que este es su segundo hogar. Que venga, y que se quede a vivir con nosotros.

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