Se equivocaron los humoristas que durante años hicieron fama y dinero a fuerza de contar chistes crueles sobre las suegras. Pero claro, no se les puede culpar, es que no conocían a Ninel Conde.

Tal vez la haya visto. Mentira, seguro la ha visto, actuando en la serie de televisión Rebelde, donde prácticamente se encarna a ella misma: una diva de la canción que tiene a todos los hombres a sus pies. Ninel es madre de carne y hueso y también en la pantalla chica. Su hija de verdad se llama Sofía y es apenas una niña; la de Rebelde es la también actriz —y también mamacita— Dulce María, que ya está más crecidita. ¿Alguna vez pensó, al verlas actuar juntas, con cuál de las dos preferiría estar? Nosotros nos declaramos, orgullosamente, culpables de ese pecado.

Su nombre es Lenin al revés (nunca antes se le hizo mejor homenaje al comunismo). En sus ratos libres duerme, va al gimnasio, a cine o a bailar, y si decimos que es un honor, pero sobre todo un milagro, tenerla en nuestras páginas, no exageramos. Hace un tiempo estuvo a punto de perder la vida cuando el avión en el que salía de Costa Rica tuvo un problema en el despegue. Afortunadamente la nave cayó en un lago y todos se salvaron. No se sabe el estado de los demás pasajeros, pero Ninel está divinamente, casi se podría decir que el accidente le sentó.

Alguna vez confesó que de niña cantaba frente al espejo y que un aerosol de pelo hacía las veces de micrófono. Hoy sus fantasías son toda una realidad. Ya casi sale su tercer disco, que tiene por primer sencillo la canción El bombón asesino. Así sí vale la pena morir.

A una mujer como ella se le perdona todo, incluso que le guste la música de Daddy Yankee. Sus películas favoritas son Sexo, pudor y lágrimas y Nueve semanas y media. Ya quisiéramos tenerla a nuestra disposición así fuera solo nueve minutos y medio.

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