Cuando está de mal humor, Rachel Weisz hace mala cara, no le gusta que le digan que sonría y una vez le respondió a un tendero que su hermano se acababa de morir solo para dejarlo callado. Así es esta londinense modelo 71, sin disimulos ni pelos en la lengua, para ella las cosas son como son, reales. Maneja un Jaguar Sovereign 4.2, de los clásicos, y su ídolo es Houdini: le encantaban sus pintas extravagantes y sus escapismos. No le gustan las fiestas porque las multitudes la ponen nerviosa y preferiría ser invisible… está claro que, con sus labios carnosos y ojos amarillos de pantera, es imposible que pase inadvertida.

Hija de un inventor húngaro y una psicoanalista austriaca, estudió inglés en Trinity Hall, en la prestigiosa Universidad de Cambridge, y a muchos les sorprende que además de preciosa sea inteligente. Empezó como modelo cuando apenas era una adolescente y de ahí saltó a la actuación; también ha escrito algunas obras de teatro. Definitivamente prefiere el teatro y las películas inglesas o de bajo presupuesto, por que Hollywood, después de su experiencia en La momia, le pareció tóxico (Weisz ganó el Óscar 2006 para mejor actriz de reparto por su actuación en El jardinero fiel).

Esta enamorada del papá de su recién nacido y los hombres la enloquecen, pero, según dice, también aprecia la belleza femenina pues para Rachel las cosas no son solo blancas o negras: ella es gris. Algunas de sus favoritas son Shakira y Penélope Cruz. No hace falta decir nada más. ?

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