En los felices y vertiginosos finales de la década de los 80, cuando estalló la fiebre del llamado "rock en tu idioma", las ondas hertzianas llevaron a millones de hogares de las grandes ciudades colombianas una nueva lírica en la que novias pechugonas convivían con expertos en sistemas de alcantarillado y llamados urgentes a la reactivación de las industrias.

De la noche a la mañana estas canciones se tomaron por asalto las emisoras juveniles, así como las especializadas en balada y en música tropical. No era para menos. Varias de ellas podrían pasar como música para planchar. Además, en las emisoras, el término rock se prestaba para cualquier cosa. Baladas empalagosas, humor adolescente, tecno del bien barato, prototropipop... Bueno. En este lado del mundo la palabra rock se sigue prestando para cualquier cosa. Según los expertos, Julieta Venegas es rock.

Dejo de lado el apartado Gustavo Cerati, uno de los más grandes escritores de incongruencias en lengua castellana, por ser de uso privativo del humorista Gonzalo Valderrama. Además, porque los aportes de Cerati darían para llenar medio tomo de la Enciclopedia Británica y no se dispone de tanto espacio.

Durante el glorioso El Dorado del rock en tu idioma (1988-1989) llamaba la atención la necesidad sentida de las bandas bogotanas de escribir canciones en contra del consumo de la droga. Rockeros terapeutas, rockeros paramédicos, rockeros con énfasis en trabajo social. Tal vez era una manera de congraciarse con una campaña que adelantó en aquel momento el alcalde-rockero Andrés Pastrana y así poder acolincharse en el vagón del éxito y la fama. Esas canciones siempre utilizaban infinitivos terminados en ar para la rima garantizar: No te dejes aplastar, la droga de va a matar, te tienes que superar y de ella alejar y la vida disfrutar.

Miguel Mateos, uno de los grandes héroes de la época, dejó para la posteridad una frase memorable, que perfectamente podría servir de tema de presentación del reality futbolero Atlas, la otra pasión: Y saco fuerzas de donde no hay. Pero fue la excepción. Su norma fue llevar a extremos delirantes el abuso del cliché. Nene, nene qué vas a hacer, cuando seas grande/ estrella del rock n roll/ presidente de la Nación/ nene, nene qué vas a hacer cuando alguien oprima el botón. Ah... El botón. Porque otro tema recurrente entre los rockeros de aquel entonces fue la amenaza nuclear. En vísperas de la caída del Muro de Berlín y a pesar de la perestroika y el glasnost, el presidente Reagan hablaba de guerras nucleares controladas, así que existía el riesgo de que el ex actor de Hollywood oprimiera el botón y generara un holocausto atómico.

Mateos fue un precursor de la publicidad de teléfonos celulares (llámame si me necesitas) y también un cultor excelso de "música para planchar - the next generation": Espero, deseo como una roca espera el mar/ te necesito uuoh/ y vivo, atado/ a un sentimiento carnal/ atado a tu luna uuooh no. A propósito del uuooh no: este tipo de expresiones guturales les hizo creer a muchos baladistas rockeros que para triunfar debían cantar con el gaznate, desafinar al máximo y separar cada verso de la canción con aullidos.

Pero los maestros del cliché y del lugar común fueron, sin duda, Los Prisioneros de Chile, que se hacían pasar como los Clash australes. Narea, González y Tapia, en el mejor estilo Juanes, no se preocupaban demasiado por pulir los textos. Aquello era como ponerle música a un correo electrónico o a una circular dirigida a los padres de familia. Eso sí, gracias a Los Prisioneros aprendimos mucha geografía: Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos. Alborotamos nuestro chauvinismo más primitivo: Por qué no se van, no se van del país. Hicimos nuestro y del presente el drama ajeno y pretérito de Marilyn Monroe: Dime si fue el presidente/ Dime si fue algún agente / ¿Quién mató a Marilyn? (...) Dicen que fue un extremista/ O tal vez algún alpinista/ Dicen que fue tu doctor/ Dicen que fue tu amigo íntimo/ Dicen que fui yo ¡oh, no! . Cualquier parecido con el I shouted out' Who killed the Kennedys

'/ When after all/ It was you and me de Sympathy for the Devil de los Rolling Stones es pura coincidencia.

Capítulo aparte merece ese paquete cuasichileno (son de la frontera, de Mendoza) llamado Los Enanitos Verdes. He aquí algunos de sus más sesudos ensayos filosóficos y epistemológicos: Estoy parado sobre la muralla que divide/ todo lo que fue de lo que será/ Estoy mirando como aquella vieja psicodelia/ estoy fijándome como viene y va. Otra: Ella habló por mí/ y yo me sentí cansado/ Creyó conocer mi corazón... /Yo miraba mi cigarrillo, ella lloró. /Sumar tiempo no es sumar amor/ Sumar tiempo no es sumar amor/ y en la soledad se está mejor. Y otra más: Solo si diste algo, algo podrás recibir/ y el amor que esperas sólo/ depende de ti/ Y ahora tendrás que seguir/ cargando tu cruz/ por el resto de tus días.

Compañía Ilimitada, que había dado muestras de su vena poética en Siloé, a ratos se dejaba contaminar por vientos llegados del sur. Como en aquel arranque de Contacto, que dice: En un plano/ un plano cartesiano/ dos estrellas buscan un lugar para brillar/ ellas buscan un contacto. Como dirían en Quac: "Y Cerati, ahí..." Imposible no citar a Cerati, Gonzalo, qué pena. Aunque sea unita: Mar de fondo/ no caeré en la trampa/ llámame pronto /acertijos bajo el agua.

España, mucho más interesada en el humor que en el mensaje trascendente, lo manifestaba de diversas maneras. Por un lado, grupos como La Trinca ofrecían desde El IVA, una pequeña joya que tomaba prestado un tema de Nicolai Rimsky Korsakov para intentar explicar cómo se calcula el impuesto al valor agregado (Sácale los ojos al gravamen sumergible/ Y estrangúlale la cuota por la base disponible/ Y al pasivo me lo pones a parir/ Achacándole la tasa del valor a deducir/ Dale los tributos al volumen soportable/ Y repercute brutalmente en el valor incrementable/ Y al montante me lo agarras al pasar Y le metes por el IVA el valor a amortizar, dice en uno de sus apartes) hasta la muy latosa Quiero una novia pechugona. Y claro, estaban los Toreros Muertos, con divertimentos como Pilar pero también con piezas maestras, Mi agüita amarilla y Yo no me llamo Javier, que han resistido sin problemas el paso del tiempo: Suéltame mujer, deja ya de joder, yo no me llamo Javier. Y, mucho menos conocidos en Colombia, Los Nikis, Siniestro Total (Más vale ser punkie que maricón de playa) y los nada políticamente correcto Os Resentidos: Es minusválida, non podes bailar/ ortopedia tenopó/ paraplexia para gozar/ parkingson para vibrar. Aunque esa canción no debería figurar en esta nota porque Os Resentidos cantaban en gallego.

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